GENARO
HELGUERO DUEÑO DE LA BREA Y PARIÑAS
Don José de Lama murió el año 1850 en su fundo La Capilla cerca de
Sullana, dejando su inmensa fortuna a sus dos hijos legítimos y a su esposa.
Por propia voluntad fue enterrado en Piura, dividiendo a Máncora en tres
secciones.
Doña Luisa
Farfán de los Godos como esposa, recibió toda la Hacienda Pariñas, su hijo
Diego recibió Máncora y su hija Josefa, la hacienda La Brea.
Doña Josefa Lama Farfán de los Godos vivió con su madre hasta la muerte
de ésta el año de 1857 y entonces doña Josefa acrecentó su heredad recibiendo
la hacienda Pariñas.
Doña Josefa siempre permaneció soltera, convirtiéndose en amante de su
pariente Juan Genaro Helguero. Vivía apartada de todos en una casa hacienda próxima a Amotape, habiéndose dedicado a la bebida en los últimos años
de su vida.
Don Diego Lama Farfán de los Godos, el otro hijo de don José; fue un tremendo
mujeriego llegando a tener 13 hijos.
A la muerte de don José Lama, las extensas haciendas eran ganaderas y
sólo pequeñas áreas cercanas a las quebradas
se dedicaban a la
agricultura.
La mina de Brea, no era por entonces muy rentable. La sustancia que se
lograba extraer o sea la brea, reemplazaba a la grasa de ballena, que estaba
escaseando, y se utilizaba para alumbrar con mecheros.
Parece sin embargo que un sexto sentido había hecho que don José Lama,
pusiera tanto interés en la mina de
brea.
Por entonces, se principió a utilizar en Estados Unidos con mucho éxito
para fines de alumbrado, un combustible líquido llamado kerosen o kerosene que
se lograba por destilación, de una sustancia que afloraba del suelo y se
llamaba petróleo o aceite de piedra.
En 1859 un minero norteamericano llamado Edwin Drake, utilizó por
primera vez un barreno para reforzar un pozo, y mediante una tubería de metal
hizo aflorar el petróleo en gran cantidad.
A partir de entonces, cundió en Estados Unidos una fiebre de perforaciones
y tanto el petróleo como el kerosen
tuvieron gran demanda.
El maravilloso combustible, es decir el kerosene llegó a Lima en 1861 y
bien pronto su uso se generalizó.
Don Diego Lama comprendió de inmediato que en las tierras heredadas de
su padre existía una fabulosa riqueza, iniciando de inmediato labores de
exploración petrolífera. Para tal fin, contrató a varios geólogo logrando
informes favorables.
La primera empresa para explorar el petróleo peruano fue formada por
Diego Lama y el cónsul inglés en Paita, Mr. Rudens.
Los socios contaban también con un informe favorable del investigador
don Antonio Raimondi.
La sociedad contrató los servicios del ingeniero francés Ferrier, el que
en la playa de Zorritos procedió abrir zanjas, extrayendo cierta cantidad de
petróleo, de las que se enviaron muestras a Estados Unidos e Inglaterra para
ser analizadas habiendo sido los
resultados altamente satisfactorios.
Alentados por los resultados, el 2 de noviembre de 1863 dan inicio en
Zorritos a la perforación del Pozo N° 4,
el primero en América del Sur y el 26 del mismo mes, y cuando la broca sólo
había penetrado 25 metros,
brotó el petróleo.
Los dos empresarios se asociaron en 1864 con el norteamericano Larkin,
que representaba a un grupo de capitalistas de Estados Unidos y se formó la
Peruvian Petróleo Company, que aportó el dinero suficiente para adquirir
modernos equipos de perforación iniciando la producción en apreciable escala.
Se perforaron 4 pozos más y se continuó laborando normalmente hasta 1869. La
empresa puso su campamento en Máncora y una oficina en Paita. Todo eso ocurría
en la llamada hacienda Máncora de don Diego Lama que arrendó a la Peruvian Petroleum Company, parte de sus tierras por 10.000
libras peruanas.
Poco antes de 1882, murió Don diego sin testamento y dejando como
herederos a 13 hijos tenidos en diversas madres. Con la muerte de don Diego, la
Peruvian Petroleum Company entró en crisis por desacuerdos entre los
socios Rudens y Larkín, y por no poder entenderse con los
13 herederos.
En 1960, el Dr Héctor Lama Lama, aseguraba en el diario “La Industria”
de Piura, que su bisabuelo don Diego, recibió las 10 mil libras peruanas, no en
efectivo sino en acciones de la Peruvian
Petroleum Company.
Agregaba el Dr Lama; que después don Diego arrendó a la London Petroleum
y Cº por 400.000 dólares y por 60 años la mayor parte de las tierras de
Máncora. En eso hubo un error del Dr. Lama pues la London entra en escena
muchos años después de la muerte de don Diego.
Mientras tanto, en la Hacienda La Brea de propiedad de doña Josefa Lama,
también se habían hecho exploraciones y algunas perforaciones con bastante
éxito.
Así mismo; doña Dolores Díaz,
otra heredera de don Diego, estimaba en el mismo año 1960, que los bonos que
recibieron los 13 herederos , se cotizaban en 10 millones de soles, pero lo
cierto es que tales bonos ya habían perdido en 1960 su valor. De todos
modos, eso era lo que querían rescatar los bisnietos.
El año 1960 se revivió en Piura
el asunto de la propiedad de la haciendas Máncora, La Brea y Pariñas. El diario
“La Industria” se ocupó ampliamente del asunto por varias semanas. Entre otras
cosas se publicaron las declaraciones de la señorita María Luisa Lama Díaz, una
de las descendientes de don Diego Lama y por entonces de avanzada edad. Decía
doña María Luisa: “La herencia de la Brea y Pariñas por parte de don Juan
Genaro Helguero Lama y sus 6 hijos, resulta sospechosa, ya que la cedente, su
tía Josefa, murió de un momento a otro como consecuencia de un derrame cerebral
y por lo tanto es difícil creer que haya tenido tiempo de hacer un testamento
en el que aparecen como herederos varios de sus servidores y su pariente Juan
Genaro Helguero”.
En otras declaraciones, doña Luisa aseguraba que Helguero mantenía a su
tía alejada de todo el mundo, casi secuestrada en una zona aislada y que doña
Josefa se había dedicado a la bebida hasta su muerte en agosto 1872.
Es por lo tanto a partir de 1872 que Helguero empieza a figurar en lo
que podríamos llamar la historia del petróleo peruano.
Genaro uno de los 6 hijos de don Juan Genaro que también había resultado
heredero, logró comprar las otras acciones o participaciones y de esa forma en
muy breve tiempo, consolidó en su sola persona, casi todo lo que había sido la
enorme heredad de la Brea y Pariñas, de que
las que había sido dueña doña Josefa Lama. Por lo tanto el nuevo
propietario era Genaro Helguero.
Cuando eso pasaba, el 28 de abril de 1873, se daba una Ley sobre el
régimen de pertenencias para las minas de carbón y de petróleo. Se denominaba
pertenencia, a la unidad de extensión minera, fijándose en 40,000 m2
cada pertenencia. Se mandó igualmente que todos los dueños de minas presentaran
sus títulos o comprobantes al Tribunal de Minería de Lima, para su
revalidación, dándose un plazo de cuatro meses contados a partir de la
promulgación de la Ley, es decir que ese plazo vencía el 28 de agosto de 1873.
Pasado ese plazo, todo título no revalidado se consideraría nulo y sin valor,
cualquiera que fuera su origen.
Más tarde, en 1877 el Gobierno estableció como canon minero, la suma de
S/. 15.00 por cada pertenencia.
Don Genaro, fue omiso; es decir no acató ninguna de las dos leyes pues
ni revalidó los títulos de la mina de brea, ni pagó canon, con lo cual desde el
punto de vista legal había perdido la propiedad de dicha mina.
Si bien es cierto que junto con las extensas haciendas de la Brea y Pariñas,
lo que había recibido por compra también era la mina de brea y no de petróleo;
no podía hacer como que ignoraba la existencia de los importantes yacimientos de petróleo dentro de lo que
ahora era su propiedad, pues ya se habían perforado varios pozos.
Cuando don Diego Lama Farfán de los Godos murió en 1882, la gran
hacienda Máncora quedó como un bien indiviso de propiedad de los 13 hijos reconocidos
tenidos en 6 mujeres
Todavía subsistía la Peruvian Petroleum Company, cuyos otros socios eran
el inglés Rudens y el socio capitalista norteamericano Larkin. Como entenderse
con tanta gente y en especial con los esposos de las herederas era difícil, la
sociedad terminó por entrar en inactividad. Se tomó otra Compañía, la Peruana
de Refinar Petróleo.
El Dr. Rafael León fue nombrado para que hiciera el reparto de la
Hacienda en 13 secciones de igual valor. Eso dio origen a como era lógico que
las secciones fueran de diferente extensión.
En 1882, ya muchos de los herederos habían vendido sus acciones y
derechos de tal manera que cuando se hizo la división y participación, los
lotes adjudicados tenían otros propietarios.
Los 13 propietarios fueron los siguientes:
Don Pedro Sandoval que había comprado las acciones y derechos de doña
Dolores María Lama Saavedra de Reyes casada con don Nicanor Reyes. La tumba de
don Pedro se encuentra a la entrada del cementerio de Sullana. En vida había
sido el mayordomo de todas las haciendas de don José Lama Sedamanos y se
aseguraba que era su hijo y que tenía el
apellido de la madre.
El Dr. Eguiguren era poseedor de las acciones compradas a Dolores Andrea
Lama Mauricio, casada con don Lucas Barreto Franco.
El súbdito italiano José Figallo Tassara, compró a Juana Lama Otoya,
casada con don José Cardó Granell.
Doña Dolores Díaz León, compró a su pariente Josefa Lama Varillas las
acciones de ésta. Doña Josefa estaba casada con don Atabaliba Arellano. Doña
Dolores se hizo representar en la reunión convocada por el abogado Dr. Rafael
León, por don Daniel Franco, vecino de
Sullana.
Doña Aurora Lama Saavedra, casada con don Pedro Merino Vinces.
Don Alegría Lama Saavedra.
Don José Lama Arismendi, abuelo de “Sofocleto”.
Don José Andrés Lama Guerrero.
Don Pedro Rafael Lama Otoya.
Don Belisario Daniel Lama Roa.
Don Gumercindo Lama Saavedra.
Don Diego Lama Otoya.
Don Victorino Lama Roa.
La mayoría de los herederos y de los nuevos propietarios eran vecinos de
Sullana lugar donde lograron mucha figuración en diversas actividades. Pero
casi ninguno se percató de las inmensas riquezas que habían heredado, que como
la lámpara maravillosa de Aladino, puso a su disposición tan fabulosa fortuna.
Los maridos de las ricas herederas, prefirieron vender irresponsablemente las
acciones y derechos por un plato de lentejas. Años más tarde se les vería
exhibir su pobreza por las calles de Sullana.
Los otros, que no vendieron, tampoco pudieron sacar provecho de lo que
tenían. Por eso el escritor paiteño Sofocleto, juzgaba duramente a su abuelo y
lo calificaba del más grande “cojudo” de la historia en uno de sus libros.
La protocalización de la división
y partición se hizo ante el notario público de Piura don Isidoro
Bustamante el 14 de marzo de 1882.
El Dr. Héctor Lama Lama, aseguraría años más tarde, en 1960, que cuando
en 1882 los trece herederos hicieron la división y partición de las tierras
heredadas , quedaron en condición de
indivisas, las secciones llamadas Rica Playa y Cazaderos en Tumbes, así como
Collonitas en el tablazo de cabo Blanco, que fueron después concesiones de la
Compañía Petrolera Lobitos, antes llamada Lobitos Oil Field C°.
Doña María Luisa Lama Díaz, otra de las descendientes de Diego Lama
Farfán de los Godos, también manifestaría
en ese mismo año de 1960, que esas secciones y otras más, no estuvieron nunca
comprendidas en las sucesivas ventas y transferencias que habían hecho los 13
herederos.
Estas secciones indivisas, fueron motivo de un reclamo judicial en 1960
por los Lama.
Las 13 secciones, se encontraban atadas por el contrato que había
celebrado don Diego Lama como socio de la Peruvian Petroleum Company,
a la que había entregado sólo para explotación como parte de sus
aportes.
Faustino Piaggio inicia explotación del Petróleo.
Las acciones y derechos dentro de la empresa que antes tenía Diego Lama,
ahora las tenían 13 propietarios. Esto precipitó las cosas en 1883 en plena
guerra con Chile y la empresa entró en liquidación. Muchas acciones fueron
adquiridas por la Compañía Peruana de Refinar Petróleo que se formó y que tenía
como principal accionista al empresario norteamericano Henry Smith.
Como hemos dicho antes, la hacienda Máncora limitada por el norte con
los llamados corrales de Tumbes, hoy distrito de Corrales y con la hacienda
Plateros. Eso incluía por lo tanto toda la zona de Zorritos en donde había gran
actividad de extracción petrolífera en 1882.
El Capitán Henry Smith, compró a los herederos de Diego Lama que eran
propietarios de la Sección Zorritos, sus acciones y derechos y se convirtió en
propietario. Fue entonces el único propietario de los yacimientos de Zorritos,
haciendo construir una pequeña refinería en las proximidades del río Tumbes en
donde refinaba kerosene que en barriles de madera enviaba a Lima utilizando el
pequeño vapor “Máncora”.
El año 1890 se hundió “El Máncora” con un cargamento de petróleo, lo que
causó un serio quebranto financiero en Smith. Uno de los socios de la empresa
formada por Smith para explotar el petróleo era la firma “Basso Hermanos y
Piaggio” que al mismo tiempo era la principal acreedora de la Compañía Peruana
de Refinar Petróleo, la que con el naufragio del “Máncora” se endeudó más con
la empresa de Piaggio. Poco tiempo después muere Henry Smith y la “Busso
Hermanos y Piaggio” se convierte en la única propietaria de los yacimientos de
Zorritos.
Era un italiano natural de Génova, que había llegado al Perú en 1862
cuando sólo tenía 18 años. Al desembocar en el Callao no tenía un solo centavo,
pero llegaba lleno de entusiasmo con el deseo de hacer fortuna. Muchos
extranjeros hicieron lo mismo y al igual que Piaggio lo lograron.
Obtuvo
pronto trabajo como empleado de mostrador en una tienda de abarrotes durante
ocho años mostrando honradez y laboriosidad. Sol más sol, fue juntando un
pequeño capital y en 1871, se asoció con otros italianos, los Hermanos Basso.
Tres años más tarde, se casa con Rosa Basso hermana de sus socio y socia
también.
El otro Basso, Eduardo le transfiere las acciones y derechos que tenía en la empresa “Basso
Hermanos y Piaggio” por 68.000 soles con facilidades de pago, dentro de la
transferencia se contaban también los yacimientos de Zorritos que valían 25.200
soles.
De esa forma Faustino Piaggio se convirtió en propietario único de los
yacimientos y refinería de Zorritos. El territorio de estos yacimientos
comprendía las secciones llamadas “Sechurita” y “Malpaso”. No contento con eso,
Piaggio compró a otros herederos Lama, la zona de Bocapán. Es decir que Piaggio era propietario
de varios lotes y otros tenía en arrendamiento.
Así empezó a funcionar la empresa petrolera de Piaggio, que sus
herederos tuvieron hasta 1939 cuando el gobierno la compró.
Los yacimientos de Zorritos, fueron la base de la fortuna de los
Piaggio. También el año 1883. Otra empresa petrolera principió a actuar en Los
Órganos. Se trataba de la Compañía
Petrolera Thorne.
Como hemos visto antes, don Genaro Helguero fue omiso a la revalidación
de los títulos de la mina de brea, tal como lo mandaba la Ley de 1873 y tampoco
empezó a pagar en 1877 el canon por cada pertenencia.
Durante más de 10 años Helguero había permanecido con un aparente poco
interés por las riquezas de la Brea y Pariñas de su propiedad, pero tenía el
pleno convencimiento que en esas tierras al igual que en la hacienda Máncora
también habían ricos yacimientos de petróleo.
Fue recién en 1885 que Helguero empezó a regularizar sus títulos cuando
empresarios extranjeros mostraron gran interés por los yacimientos de la Brea y
Pariñas, pero querían todo saneado y Helguero sólo poseía los títulos de una
pequeña mina de brea. Aun esos títulos habían caducado por que no los había
revalidado en 1872. En resumen, Helguero ya no era propietario de la superficie
de las extensas haciendas de la Brea y Pariñas, y tampoco del subsuelo de la
mina de brea de solo tres hectáreas, pues
esos títulos ya no tenían valor legal.
Don Genaro tenía mucho que hacer por delante. Ante todo había que
gestionar la regularización de la revalidación de sus títulos de propiedad y
para eso debía
ante todo
pagar el canon petrolífero que debía desde el 12 de enero de
ante todo
pagar el canon petrolífero que debía desde el 12 de enero de
1877, es decir 9 años y Helguero deseaba ahorrarse ese pago. El otro
gran proyecto que tenía era que la
pequeña mina de brea de 3 hectáreas
se convirtiese en yacimientos de petróleo que abarcasen toda la extensión de sus haciendas de la Brea
y Pariñas.
El 12 de enero de 1886 terminada
la guerra, Helguero solicitó al juez de Paita
Dr. Hernández que le diera posesión judicial de la propiedad del suelo y
de los minerales del subsuelo, de la “Brea y Pariñas”.
De esa forma, a golpe y porrazo buscaba Helgero convertirse de poseedor
de una mina de brea de 3 hectáreas,
a la de propietario de “los minerales” que se encerraran en toda la enorme
extensión de las haciendas Brea y Pariñas.
Era Helguero un personaje muy influyente y con gran poder político. Por
entonces postulaba como diputado por las filas del general Cáceres y todo hacía
suponer que ganaría.
Al juez Hernández no le quedó más
recurso que acceder a lo que solicitaba Helguero, que en junio del mismo año
lograba su elección como diputado. En la
misma elección también por las filas de Cáceres resultó elegido José Lama
Arizmendiz como diputado por Paita.
De esa forma, Helguero tuvo los títulos de posesionario de los
yacimientos de la Brea y Pariñas.
El segundo paso a dar era en Lima, pero ya Helguero era diputado y eso
aseguraba que las puertas se le seguirían abriendo. Fue así como el 12 de
octubre de 1887 con la documentación que le otorgó el juez de Paita solicita al
gobierno que se le reconociera como propietario único y absoluto, tanto del suelo como del subsuelo de las haciendas
La Brea y Pariñas.
De ese modo, Helguero iba a pasar de simple posesionario a propietario
absoluto del suelo y del subsuelo de una extensión tan grande como la de algún
estado europeo. Por otra parte, al pedir que se le reconociera como propietario
único avasallaba con los derechos e intereses de otros pequeños propietarios, a
los que doña Josefa Lama por su condición de ex-servidores, les había dejado
pequeños lotes de terreno.
Pero no solo eso, la ambición de don Genaro no tenía límite y se sentía
alentado por el gran poder político que tenía. Pidió también que esas tierras
se declarasen al margen de las leyes y ordenanzas de 1873 que disponía la
revalidación de todos los derechos de propiedad de las minas y la de 1877 que
establecía un canon anual a pagar por pertenencia. Lo cierto era que Helguero
había perdido su derecho de propiedad por ser omiso a la Ley de 1873; pero
ahora buscaba un privilegio y una excepción. Para justificar su pedido se
remontaba a la fecha en que el estado transfirió a Quintana en 1826 una mina de
brea y luego saltándose a la garrocha a don José de Lama, a doña Luisa Farfán
de los Godos de Lama y a doña Josefa Lama Farfán de los Godos, se limitaba a
decir y por transferencias sucesivas hasta llegar al peticionario Genaro
Helguero.
Helguero no reparaba en que la mina que compró Quintana era de brea y no
de petróleo y que sólo se circunscribía
a los alrededores de cerro Prieto, es decir no más de tres hectáreas y que
ahora deseaba se transformase en un enorme terreno de miles de hectáreas.
Pero siempre han habido jueces
probos. El Fiscal de la Nación don Manuel María Gálvez, opinó que no se podían reconocer derechos sobre
minas, distintos a los que señalaban las leyes y que la transacción y
adjudicación de la mina de brea que el Estado hizo a Quintana en 1826, estaban
perfectamente encuadrada en las leyes de minería vigentes en 1826.
Al finalizar expresaba su opinión de que se reconociera a Helguero como
propietario de la mina La Brea, con la
extensión fijaba en sus títulos, es decir tres hectáreas y que así se le
inscribiera en los padrones como propietario.
Helguero había tratado que se entendiese como una sola denominación
cuando hablaba de la hacienda de La Brea y de la mina de brea, como si fuera un
todo indisoluble; y todavía más: cuando hablaba de la hacienda La Brea, también
involucraba a la hacienda Pariñas.
EL trámite de la gestión del Helguero aunque rápido, le fue algo
desfavorable. El 29 de octubre del mismo año, se expide una Resolución en la
que el gobierno reconoce a Helguero como dueño de la mina “La Brea”, con la
extensión indicada en los títulos, debiendo abonar en forma provisional por
solo tres pertenencias irregulares, mientras se hacia la mesura
correspondiente.
De acuerdo a Ley habían pertenencias regulares e irregulares, las
pertenencias regulares, eran cuadrados de hasta 200 x 200 metros
lo que daba 40.000 m2 o
lo que es lo mismo 4 hectáreas.
Las pertenencias irregulares, no tenían extensión fija.
Las activas gestiones de don Genaro permitieron que en la Resolución del
29 de octubre de 1887 que aparentemente recogía lo opinado por el Fiscal de la
Nación, se hablase de tres pertenencias irregulares. Eso le iba a ser
suficiente a Helguero para actuar. Sin embargo, logró que el 22 de diciembre se
diera otra resolución suprema reconociéndolo como dueño absoluto y el único que
podía explotar los yacimientos.
Nuevamente el asunto retorna a Paita donde el Juez Hernández, para que,
dando cumplimiento a lo dispuesto por la Resolución del 29 de octubre,
procediera hacer la medición o mesura de las antedichas tres pertenencias
irregulares.
El 10 de enero de 1888 se efectuó la diligencia de mesura. Asistieron el
escribano Modesto Ramos y como perito Eduardo Fowks que se aseguraba era
empleado de la firma comercial Helguero. Naturalmente también don Genaro se
hizo presente.
Helguero presionó para que como área de la concesión minera se
comprendiera a toda la Hacienda la Brea, haciendo consignar en el acta que se
levantó, que los límites de tal hacienda eran por el norte Quebrada Honda, por
el sur los barrancos de “Amotape”, por el este el Cerro Prieto y por el oeste
el océano Pacífico. Es decir que comprendía desde Punta Capullanas, incluyendo
caleta Malacas, Talara y Negritos.
Para esa enorme extensión, se consideró como mesura definitiva la
cantidad de 10 pertenencias irregulares, con lo cual resultaba que cada
pertenencia tenía una enorme extensión y no 40.000 m2
también, en forma muy intencionada, don Genaro hizo consignar en el Acta:
“Encontrándose uno que otro pozo de petróleo en actual explotación, tanto en el
sitio llamado -La Brea- como a orillas del Mar en el denominado Negritos”. Por
entonces la caleta de Talara no tenía mayor significación.
En los debates que por la llamada Cuestión de la Brea y Pariñas se
suscitaron en 1915 se aseguraba que tanto Hernández como Fowks eran empleados
de Helguero. De acuerdo al informe emitido por el perito, la extensión del
fundo La Brea era de 1.300 km2 es decir 1.300 millones de m2 lo que significaba
que cada pertenencia irregular tenía un promedio de 130 km2 lo que era
inconcebible.
En 1915 cuando se hizo una nueva medición, se encontró que el número de
pertenencias no eran 10 sino ¡41,614 !.
Con el acta de la diligencia de mesura, Helguero viajó de inmediato a
Lima y actuando con gran rapidez, logró que el 28 de enero del mismo año de
1888, se expidiera resolución suprema,
aprobando la mesura, y se disponía que se inscribiese así en el Padrón de Minas.
La celeridad con que actuó la administración pública, siempre tan lerda,
da la medida de que en todo tiempo, en el Perú los poderosos lo consiguen todo
y pronto, no importando que se atropelle la ley, la justicia y la razón.
Así, de la noche a la mañana, don Genaro Helguero, se vio dueño de una
tierra fabulosamente rica que al igual que los actuales jeques árabes, lo iban
a permitir ser enormemente adinerado, todo en base a lo que había sido
propiedad de doña Josefa Lama Farfán de los Godos. De esa forma, fueron a dar a
manos extrañas, buena parte de la fortuna que logró amasar don José Lama
Sedamanos que se vio precisado a usar todos los medios, sin importarle la
naturaleza de ellos.
Los capitalistas ingleses estaban esperando que Helguero regularizara la
situación de la Brea y Pariñas, para proceder a la compra.
Desde meses atrás se habían realizado reuniones y se había llegado hasta
tratar el precio de venta.
Fue así como el 3 de febrero de 1888, es decir a solo 5 días de la
inscripción en el Padrón de minas, se
realizó la fabulosa venta, en Lima ante el notario Ramón Valdivia.
Muchas veces se ha tratado de negar la relación de dependencia del perito
Eduardo Fowks con Helguero. En la actualidad eso no se hubiera podido hacer y
el peritaje hubiera resultado nulo.
Antes del año 1886, Helguero había autorizado a Fowks así como a los ciudadanos inlgeses Mulloy y
Thorndike, para que hicieran explotaciones y perforasen pozos en las tierras de
la Brea y Pariñas. Eso convenía a los intereses de Helguero, por que servía
para demostrar que en esos lugares había petróleo y eso fue lo que al final de
cuentas despertó el interés de los empresarios ingleses.
Los tres personajes empezaron a cavar pozos y registraron esas
pertenencias a su nombre pero como concesionarios de Helguero.
Helguero en todo paso que daba trataba de no dejar ningún cabo suelto y
por eso había logrado que en la resolución suprema del 22 de diciembre de 1887 a la que
ya nos hemos referido, se dejará bien en claro que era el dueño absoluto y el
único que podía explotar los yacimientos. Así se cortaba la pretensión que
pudieran tener Fowks y sus otros compañeros.
Toda pretensión legal que hubieran intentado habría quedado como una
causa perdida por cuyo motivo se contentaron con participar, aunque en pequeña
parte, del gran banquete como lo veremos adelante.
Los ingleses interesados en la
Brea y Pariñas estaban representados en el Perú por don Herber Wilkin Tweddle.
Se vendió la hacienda Brea Pariñas y las minas que allí habían, es decir el
suelo y el subsuelo, pagándose por todo ello la enorme suma de 18.000 libras
esterlinas.
Esta venta fue aprobada más tarde por el gobierno, poniéndose de
manifiesto una vez más la gran influencia de Helguero.
Para que se tenga una idea de lo fantástico de esa operación, en 1917 el
senador Aurelio Sousa por Cajamarca en el curso de los debates que suscitó la
Cuestión de la Brea y Pariñas, afirmó que el monto pagado en libras esterlinas,
equivalía en la época a 150.000 soles peruanos. Toda una inmensa fortuna.
Tres años antes, es decir en 1885 el Presupuesto Nacional de Obras
Públicas llegaba a S/.69.713. El presupuesto del Ramo de Justicia era de
110.292 soles y en diciembre de ese año, el gobierno que sucedió a Iglesias,
como no tenía un solo centavo en la Caja Fiscal, se vio precisado a efectuar un
préstamo interno por 94.000 soles. Eran sin duda los tiempos de la post-guerra,
cuando el país estaba destruido y en falencia y luego vendría una acentuada
inflación que en los tres años que siguieron, es decir en 1888 desvalorizó al
sol, pero de todos modos la suma era fantástica.
Para cortar de raíz cualquier reclamo, justo y legal o ficticio que
pudiera hacer Fowks, fue gratificado generosamente por Helguero y también por
el nuevo propietario. De igual manera Mulloy y Thorndike renunciaron a todo
derecho por una buena suma que recibieron de Tweddle.
Fowks que había sido servidor y hombre de confianza de Helguero, se
acomodó muy bien, no solo favoreciendo la transacción entre su patrón Helguero
con el empresario inglés, cuando actuó como perito; sino que pronto se convirtió
en hombre de confianza de Tweddle a cuyo servicio se puso.
Fue pues en condición de apoderado del nuevo propietario, que el mismo
Fowks solicitó al gobierno, se borrase del Registro de Minería, las
inscripciones que habían a su favor.
Como culminación del pedido de Fowks se expidió la siguiente Resolución
Supremma:
Lima, 15 de mayo de 1888.
Visto el Expediente remitido por el Juez de Primera Instancia de Paita,
encargado de la diputación de Minería, e
iniciado Tweddle, sucesor de don Genaro Helguero, en la propiedad y
dominio de las minas por don Eduardo Fowks como apoderado del señor Herbert
Wilkin Colquhoun de petróleo del fundo “La Brea” o Amotape del referido
asiento, y por el que solicita que estando comprendidas las minas que en
asiento aparecen como denunciables, en el reconocimiento hecho a favor del antecesor del referido
Twddle; se disponga su supresión en el
próximo, dejando sólo las empadronadas a nombre de los señores Mulloy, y
Thorndike, y atendiendo a que el pedido de Tweddle es una consecuencia de la
Suprema Resolución de 22 de diciembre del año próximo pasado, y que de oficio
debe de ejecutarse esa supresión por la sección del ramo, al reformarse el
Padrón que próximamente se publique; de
acuerdo con lo informado, por la misma; se declara, que han dejado de ser
denunciables, las minas de petróleo que en esa condición se registran en el
padrón vigente en el asiento de Paita, debiendo en consecuencia ser suprimidas
en el próximo que se publique. Regístrese, Aspillaga.
Como sabemos, el auténtico propietario de los fabulosos yacimientos de
la Brea y Pariñas, había sido el hospital y convento de Belén el mismo que era
administrado por la Sociedad de Beneficencia Pública de Piura..
Cuando el Gobierno en forma abusiva vendió en 1831 a José
Lama, tales tierras sin haberlas previamente expropiado, se otorgó a manera de
compensación al convento hospital una
renta perpetua de 2.700 pesos.
Esta suma se estuvo recibiendo en cuotas mensuales traducidas en soles,
hasta el año 1884. También se entregaba a la Beneficencia, otros réditos por la
hacienda Monte de los Padres que también le había pertenecido.
El año 1885 el Perú trataba de rehacerse de los estragos de la Guerra y
se encontraba postrado y en medio de la
mayor pobreza. A causa de la penuria de la Caja Fiscal, se dejó de pagar las
cuotas mensuales a la Beneficencia.
En 1885, había empezado Helguero
a legalizar sus títulos y encontró todas las puertas abiertas, haciéndose los
trámites con inusitada e inusual rapidez. Como culminación de todo eso,
Helguero se convirtió pronto en un potentado.
La otra cara de la moneda era la Beneficencia y el hospital de Belén. El
presidente de la Beneficencia don Juan Monesterio, el 24 de julio de 1885 se
dirige al prefecto de Piura don Federico Moreno, planteándole la queja.
Poniendo mucho interés, la autoridad departamental pide una inmediata información a la Caja Fiscal de
Piura. Esta responde también pronto, que
hasta 1884 se había venido abonando mensualmente a la Beneficencia de Piura las
siguientes sumas:
Subsidio por tomín S/. 91.50
Por réditos de la Hacienda Máncora
146.10
Por capellán (capellanía) 16.00
Capellanía Monte de los Padres 4.18
Que hacen la suma de 257.78
Termina diciendo el Tesorero Fiscal de Piura, que por orden del
ministerio de Hacienda, dada en oficio de fecha
16 de julio de 1884, se declaró que no era de abono la mencionada suma.
Esto, era un inaudito abuso del
ministro de Hacienda del gobierno del general
Iglesias y así lo comprendió el prefecto Moreno que asumió la defensa de
los derechos de la Beneficencia.
El 13 de agosto de 1885 el prefecto cursó un bien fundamento reclamo al
ministro de Hacienda.
En Lima, las cosas anduvieron a paso de tortuga y los funcionarios se
volvieron remolones para informar y contestar. Contrastaba eso con la
actividad que demostraban cuando se
trataba de los recursos y pedidos de Helguero.
Cansado de esperar el prefecto, el 6 de octubre reitera el pedido al
ministro de Hacienda y manda otro pedido
al ministerio de Justicia.
Mientras tanto, la pobreza de la Beneficencia era tal que habían decidido cerrar el hospital por no poder
mantenerlo, pues ni siquiera los comerciantes que alquilaban las tiendas de
propiedad de la Beneficencia ubicadas frente a la plaza de armas (hoy Hotel Los Portales, ex
Turistas) cumplían con pagar los arriendos. Sólo la caridad pública permitía
que siguiera el hospital abierto pero con servicios muy restringidos.
Llegó diciembre y no habían
respuesta de ninguno de los dos ministerios. El prefecto que también era
miembro del directorio de la Beneficencia, volvió a escribir al ministerio de Justicia los días 17 y 24.
Tuvo que llegar febrero de 1886, para que como culminación en el trámite
del expediente se pusieran unas pocas líneas que terminaban del siguiente modo:
“... y no permitiendo el estado de los fondos fiscales atender a estos pagos,
resérvese este expediente del que se dará cuenta al Congreso en primera
oportunidad”.
Después de mucho tiempo, la Beneficencia logró que le fueran reanudados
los pagos. Nada hay que permita suponer que don Genaro Helguero; de la fabulosa
suma que recibió, hubiera dado algo a la verdadera propietaria de las
haciendas: la congregación de Belén.
Después del combate de Angamos y de la muerte de Grau, los chilenos
quedaron dueños del mar y empezaron el bloqueo marítimo de todo el litoral.
En diciembre de 1879 el poderoso blindado chileno “Blanco Encalada” con
el crucero “Amazonas” se encontraba
patrullando el litoral de Paita, Máncora y Tumbes pues intentaban apoderarse
del barco peruano “La Limeña” que venía actuando en estas costas, para
transportar armas al Callao.
Cuando finalizaba el año, fue nombrado como prefecto de Piura el Coronel
Manuel Frías, de conocidas familias del departamento que reemplazaba al
prefecto Manuel Cazorla.
El coronel Frías organizó la recepción de armas llegadas desde Panamá. A
Máncora, donde se concentraban los envíos de armamento que de Europa se
remitían al Perú.
La escuadra chilena para evitar
el abastecimiento, no sólo bloqueaba el litoral peruano, sino que
incursionaba hasta Panamá, capturando a los barcos que encontraba en la ruta y
transportaban armas al Perú. Se tuvieron entonces que tomar precauciones
extremas, con el fin de que esas armas y municiones pudieran llegar al primer puerto peruano. Era imposible
intentar llegar al Callao, pues en la
bahía se encontraba la mayor parte de la escuadra enemiga.
El 7 de julio de 1880, llegó a Máncora la goleta portuguesa “Guardiana”,
que desde el puerto ecuatoriano de Esmeraldas, llegaba a remolque del barco
inglés “Bolivia” comandado por el capitán Stedman. La “Guardiana” había burlado a los chilenos que merodeaban por
Panamá, pero a duras penas pudo llegar a las
costas de Ecuador, donde se refugió y desde donde llegó a remolque. El
prefecto Frías hizo desembarcar el
cargamento de armas en Máncora y guardarlo hasta poder enviarlo a Supe, al
norte de Lima, pues no se podía llegar al Callao.
Era propietario de la hacienda Máncora don Belisario Daniel Lama Roa,
uno de los 13 herederos de don Diego Lama Farfán de los Godos.
Belisario Lama, prestó toda clase de facilidades para el desembarco y
ocultamiento de las armas, pues se temía que los chilenos hicieran un
desembarco y se apoderasen de ellas.
El 6 de agosto del mismo año de 1880, llegó a remolque el barco
“Enriqueta” que era arrastrado por el “Mendoza”. Desembarcó armas en Máncora y
luego siguió a Paita.
En junio, había llegado a Paita
“El Estrella” cuando los chilenos lo buscaban en Guayaquil y Tumbes.
El prefecto Frías logró comprometer la participación del marino español
Gabino Artadi, para que un velero transportase las armas que se habían
acumulado en Máncora y las llevará a Supe. Para el efecto se contó con el
velero “José Romero” cuyo propietario era un español, de igual nombre que hacía
mucho tiempo estaba radicado en Sullana y era amigo de Belisario Lama.
Fue difícil la operación de llevar las armas de la playa al velero en
balsas, pero tan pronto se logró, partió el
velero raudamente en una ruta muy
retirada de la costa para evitar
encontrarse con barcos chilenos
Parece que Artadi realizó uno o
dos viajes más.
En enero de 1881, después de las batallas de San Juan y Miraflores, los
chilenos se apoderaron de Lima.
Para organizar mejor la defensa del territorio nacional, el almirante y
general Lizardo Montero (ayabaquino) es nombrado jefe político y militar del norte con sede en Cajamarca. Como
prefecto de Piura es designado el comandante
Adolfo Negrón (en febrero de 1881).
A partir de ese momento, se abandona el abastecimiento de armas por mar,
pues Cáceres había organizado la resistencia en la sierra central y Montero
en el norte. Las armas hacen entonces una larga y penosa ruta terrestre.
En piaras constituidas por una gran cantidad de mulas de propiedad de Belisario
Lama, el pesado cargamento salía de
Máncora y llegaba a Olmos. De allí parte penetraba hacia Cajamarca y el resto
iba al encuentro del heroico Cáceres. Nunca se ha descrito la odisea, de lo que pudo significar este gran esfuerzo, callado y sin
estridencias, donde los cargueros hacían enormes sacrificios y muchos de ellos sólo
recibían la comida, pues no cobraban
por sus
servicios.
Los chilenos tenían espías informadores en todas partes y fue así como
llegaron a saber el importante papel que
Belisario Lama había estado tomando en el envío de armas.
En setiembre de 1881 los chilenos llegan con poderosas fuerzas a Piura y
a Sullana y el comandante Negrón con las fuerzas de Piura se vio precisado a
retroceder hasta Frías.
Negrón había recibido importantes cargamentos de armas, que no había
tenido tiempo de distribuir entre sus soldados, pues la mayor parte de ellas
permanecían encajonadas. Los chilenos lograron apoderarse por desgracia, de
parte de ese armamento.
El jefe chileno que ocupaba Sullana, inició la búsqueda de Belisario
Lama, el cual se vio precisado a refugiarse en el domicilio del ciudadano
español José Cardó en cuyo hogar
flameaba la bandera española.
Como don José Romero también era
buscado, optó este por refugiarse en un lugar lejano de la zona rural.
Lama llegó posteriormente a ser alcalde del municipio distrital de
Sullana y también del municipio provincial.
Desde el 11 de junio de 1881, los chilenos se habían establecido en
Paita en forma definitiva para administrar los cuantiosos recursos aduaneros de
ese puerto y nombraron al chileno Emilio Valverde como subprefecto. A partir de
entonces, los chilenos también pusieron
una pequeña guarnición en Máncora
para evitar que se efectuasen nuevos desembarcos de armas por ese lugar.
Censo de 1876.
En 1876, todo lo que ahora es la provincia de Talara, era parte
integrante del distrito de Amotape.
En ese año, la provincia de Paita estaba constituida por los siguientes
distritos: Paita, Sullana, Querecotillo, Amotape, La Huaca, Colán y el Arenal.
La provincia tenía 78 poblaciones, entre las que se contaban, dos
ciudades (Paita y Sullana), villas, pueblos, aldeas, caseríos y haciendas.
La población de toda la provincia era de 21.025 habitantes.
El distrito de Amotape tenía 3.009 habitantes, de los cuales 1.343
correspondían a la capital que era el pueblo de Amotape.
En el distrito de Amotape habían 8 poblaciones, 2 caseríos y 5
haciendas.
El censo arrojó para los caseríos y haciendas, es decir la zona rural,
lo siguiente:
Caserío Pampa de Tamarindo 714 habitantes
Hacienda Máncora 151
Hacienda Minera La Brea 7
Caserío Pueblo Nuevo 164
Hacienda Talara 22
Hacienda Monte Abierto 587
Hacienda Pariñas 21
Toral Zona Rural 1.666 habitantes
Por esa época, no existía Negritos como población.
El antiguo distrito de Amotape, comprendía, el actual distrito de
Amotape, todo lo que ahora es la provincia de Talara, y los actuales distritos
de Tamarindo, Vichayal y Pueblo Nuevo.
Fue la explotación del petróleo, lo que años más tarde hicieron surgir
una gran cantidad de ciudades campamento, algunas de las cuales desaparecieron,
cuando los pozos se agotaron.
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