LOS
TALLANES TALAREÑOS
Tanto Pariñas, que indudablemente fue el núcleo de un importante centro
poblado como todas las demás pequeñas aldeas que se encontraban desperdigadas
en todo el territorio que ahora es la provincia de Talara, pertenecieron a la
etnia Tallán.
A orillas
del mar, pero sobretodo en el curso de las quebradas Sicchez, Honda y
Hualtacal, existían pequeños poblados. Sobretodo al nor-este de Lobitos, en lo
que ahora es el tablazo y al costado izquierdo de la carretera Panamericana que
va a Tumbes, se formó una aldea de cierta importancia.
Pero fue sin duda el de Parina hoy Pariñas, el más importante curacazgo
de toda la región, en los años previos a la llegada de los españoles.
Para algunos historiadores, interpretando al cronista padre Lizárraga,
los confines de la influencia del Curacazgo de Pariñas, avanzaban hasta Amotape
en donde había otro poderoso curaca.
Sin embargo no faltan los que suponen a Parina y Amoctaje hoy Amotape,
como un solo curacazgo. Para esto debemos repetir la cita que el historiador
piurano Juan Paz Velázquez hace del padre Lizárraga cuando dice: “Pasando la
costa adelante y metiéndose un poco la tierra adelante, por ser la costa muy
brava, llevamos veinte leguas andadas poco más o menos, al gran río Motape,
donde hay un pueblo de este nombre. Quien antiguamente gobernaba esta
provincia, que por pocas leguas se extiende, eran las mujeres, a quienes los
nuestros llaman Capullanas por el vestido que traen y traían a manera de capuces con que se
cubren desde la garganta hasta los pies”
El acceso de las mujeres al gobierno de las tribus, y de los curacazgos
se encontraban muy afianzado en la costa peruana, incluso en la costa
colombiana y ecuatoriana, pero la historia las ha vinculado más con el
departamento de Piura, porque no solo en este territorio fueron más numerosas,
sino que de una u otra forma las capullanas existieron hasta bien entrado el
coloniaje.
No se ha podido establecer en que circunstancias llegaban las capullanas
al poder ni tampoco cuales eran las tareas que en el gobierno desempeñaban.
Como es bien sabido, la principal ocupación de los tallanes era la agricultura,
y
las tareas
de siembra y de cosecha que daban motivo
a grandes fiestas presididas por los curacas en cuya oportunidad comían y
bebían en abundancia. Otra de sus ocupaciones era la guerra, si es que guerra
podía llamarse los pequeños pero algunas veces sangrientos enfrentamientos que
tenían con otros curacas de la región, sin llegar a imponerse uno sobre los
demás. La existencia de ceramios Vicús y tallanes donde se representaban a
guerreros con escudos, macanas y lanzas prueba que cuando menos antes de ser
subyugados por los Incas, tenían un comportamiento muy belicoso.
las tareas
de siembra y de cosecha que daban motivo
a grandes fiestas presididas por los curacas en cuya oportunidad comían y
bebían en abundancia. Otra de sus ocupaciones era la guerra, si es que guerra
podía llamarse los pequeños pero algunas veces sangrientos enfrentamientos que
tenían con otros curacas de la región, sin llegar a imponerse uno sobre los
demás. La existencia de ceramios Vicús y tallanes donde se representaban a
guerreros con escudos, macanas y lanzas prueba que cuando menos antes de ser
subyugados por los Incas, tenían un comportamiento muy belicoso.
Por lo tanto, las capullanas solo tendrían labores administrativas, que
serían muy simples y reducidas, casi como las de un hogar.
No hay noticias de mujeres guerreras en la región, lo que haría suponer
que esa tarea era exclusiva de los hombres.
El término capullana fue puesto
por los españoles, en base al traje que llevaban esas señoras que todos los
cronistas dicen eran de muy buen rostro. El traje era una túnica larga, de tela
un tanto transparente que las cubría, si eso podía decirse del cuello hasta los
pies.
Los incas las llamaron Sapullanas, o Sallapullas o Sallapullanas,
también Tallaponas.
Que existió antes de la conquista una capullana en Pariñas, no hay la
menor duda. Lo que no todos aceptan es que la señora de Pariñas haya sido la
protagonista del episodio ocurrido después que Pizarro en un barquichuelo,
salió de la isla de la Gorgona (2do viaje) y navegó por la costa peruana hasta
la desembocadura del río Santa. Cuentan que una capullana, invitó a Pizarro a
desembarcar para agasajarlo cuando este estaba recorriendo la costa y que el
conquistador ofreció atender la invitación al retorno. En efecto, cuando
Pizarro al llegar a Santa dio marcha atrás, aceptó la invitación de la
capullana, que dicen se llamaba Susy Cunti, siendo espléndidamente agasajados,
pero el español Pedro Halcón se enamoró en forma tan repentina y profunda de la
bella señora, que se negó a reembarcarse y tuvo que ser encadenado por sus
compañeros y llevado a bordo.Para algunos historiadores, Susy Cunti fue
capullana de Eten.
Para el historiador y político don Germán Leguía y Martines, Susy Cunti
fue la capullana de Pariñas, la que además regaló a Pizarro dos indios jóvenes
que fueron Martín y Felipe, conocidos en la historia como Martinillo y
Felipillo.
Lo cierto es que Pizarro no sólo tuvo trato con las capullanas de
Sechura o de Eten, sino también con la capullana de Parina o Pariñas.
Cuando Pizarro en su segundo viaje exploró el suelo piurano y se dirigió
al sur paso frente a Pariñas y allí la capullana lo invitó a desembarcar, cosa
que el conquistador pospuso para su retorno.
Mas bien Pizarro quedo contrariado por haber perdido su espada en el mar
de ese lugar
Al retorno, la capullana le devolvió la espada que había sido rescatada
por expertos buceadores tallanes
Pizarrro agradecido, aceptó la invitación que le renovaba la capullana y
desembarcó con varios de sus hombres
Mendiburo al referirse a la biografía de Pedro Halcón, que él llama
Alcón, asegura que la invitación que Pizarro aceptó, fue de una capullana de
las costas de Trujillo.
El padre Vargas en “Historia General del Perú”, dice que Pizarro en su
segundo viaje después de pasar por Paita y punta Aguja, llegaron el 14 de
setiembre a un paraje que llamaron Santa Cruz, por que en ese día se celebra la
Exaltación de la Cruz, y fue allí donde recibió la invitación de la capullana
para que desembarcase, lo que aceptó al retorno de Santa. El padre Vargas expresa
igualmente, que fue en el viaje de retorno al llegar una vez más a Tumbes donde
recogieron a Felipillo y Martinillo.
Hay que señalar sin embargo que ya está completamente aclarado que
Martín, le fue obsequiado a Pizarro por el curaca de Poechos cuando ya la
conquista se había iniciado. En cuanto a Felipillo, hay diversas versiones
sobre su origen, pues unos lo suponen tumbesino, otros lo creen tallán de la
costa, pero la mayoría considera que fue del norte de Poechos, es decir
Huancavilca.
El historiador cataquense
fallecido en 1994, Jacobo Cruz dice que la voz Pariñas, proviene de la
expresión tallán Paric-Añac, que significa caverna.
Dice el cronista Garcilaso de la Vega, que estando el Inca Huayna Capac
en Chimu, envió mensajeros al norte pidiendo la rendición de los curacas de los
valles de Zaña, Colque (Collique), Cintu, Tucmi (Túcume), Sayanca (Jayanca),
Mutupi (Motupe), Puchiu (Poechos) y Sullana y que en la Conquista se gastaron
dos años, pero que la mayor parte del tiempo se ocupó en cultivar los
valles y sacar acequias de riego, y no
en sujetarlos, por que los demás se dieron de buena gana.
Posiblemente dada la enorme superioridad del ejército incaico, la
operación militar fue corta, pero sangrienta. No hay duda que los tallanes
tanto del Alto Piura como del Chira opusieron resistencia al Inca, pero éste
los aplastó con su gran poder dejando por siempre un mal recuerdo entre los tallanes.
Cuando Pizarro llegó a Pabur en su marcha a Cajamarca, el curaca de ese
lugar le hizo conocer que el Cuzco Viejo, que era como se llamaba a Huayna
Capac, había arrasado a sus pueblos y matado mucha gente.
También es muy posible que los curacas del Bajo Chira, sobre todo el de
Amotape cuyo territorio se extendía hasta el sur de la actual provincia de
Talara, opusieran también resistencia que igualmente fue reducida prontamente
por las armas, lo que habría motivado un profundo resentimiento de los curacas
de Amotape al Cuzco y su adhesión a la causa de Atahualpa.
Los Incas, mejoraron las técnicas de cultivo en toda la región y por lo
tanto también en Talara, en donde se aprovecharon las aguas ya escasas que
todavía discurrían por las quebradas sobre todo en épocas de verano,
construyendo una serie de obras de ingeniería hidráulica.
También llamó la atención de los
conquistadores incas, la existencia de la brea que afloraba del suelo
talareño y a lo que los habitantes de la región daban un significado religioso,
pues la utilizaban en sus ritos, se pintaban el rostro con ella y se alumbraban
en determinadas circunstancias con hachones impregnados de ese material que
producía abundante humo.
Pudieron los incas apreciar que la brea al contacto con el ambiente y
mezclada con arcilla tendía a solidificarse por cuyo motivo, utilizaron ese
material que los tallanes llamaban copé, para impregnar los caminos que
construyeron en la región, siendo por lo tanto estas las primeras vías que
tuvieron un sistema de asfaltado.
Los Incas no aceptaban el matriarcado como forma de gobierno, pero lo
toleraba y respetaba en los pueblos conquistados que lo tenían. Quizá eso
favorecería la pacificación de sus extensos estados, y como a los tallanes les
prohibieron tener armas, hubo durante el corto período de sojuzgamiento
incaico, paz y prosperidad.
Por lo tanto, las capullanas de Pariñas y de otros lugares de la región
tallán siguieron existiendo bajo el régimen del imperio.
El cronista Pedro Cieza de León que llegó al Perú en 1548, es decir 16
años después de la fundación de San Miguel del “Valle de la Solana” que
antiguamente fue muy poblado y había en él edificios y depósitos. Luego expresa
“... se llega a Poechos que está sobre el río también llamado Poechos, aunque
algunos le llaman Maicabilca, por que por bajo del valle estaba un príncipe o
señor llamado de este nombre, este valle fue en extremo muy poblado y cierto
debió ser mucha la gente de él, según lo dan a entender los edificios grandes y
muchos de los cuales aunque están gastados, debe haber sido verdad lo que de él
cuentan y la mucha estimación en que los reyes incas lo tuvieron, pues en este
valle tenían sus palacios reales y otros
aposentos y depósitos; con el tiempo y guerras se había todo consumido en tal
manera que no se crea lo que se afirma, otra cosa que las muchas y muy grandes
sepulturas de los muertos, y ver que siendo vivos, eran por ellos sembrados y
cultivados tantos campos como en el valle están”.
Por el relato de Cieza de León, se puede apreciar que la Solana y más
todavía Poechos fueron importantes poblaciones, habiendo construido en esta
última los incas, palacios, depósitos y aposentos, así como la fortaleza en la
que más tarde se alojó Pizarro.
La construcción de una fortaleza de acuerdo al criterio de los Incas
supone la existencia de una guarnición. Por lo tanto Poechos fue en tiempo del
Imperio, la sede de una gobernación, donde el Inca tenía un representante cuya
autoridad se extendía en todo el valle del Chira, incluyendo la actual
provincia de Talara, dejando siempre
cierta autonomía a los curacas tallanes.
Cieza admite que no sólo el tiempo y la incuria, sino las guerras habían
despoblado la región que antes había sido densamente poblada.
Las más grandes batallas en la lucha fraticida, se llevaron a cabo en la
sierra norte, que abarcaba el sur del Ecuador y
el norte del Perú. La región de los guayacundos y de los Huancapampas se
vio trastornada por el paso de los
ejércitos tanto huascaristas como atahualpistas, ya en plan de ataque, o de
retroceso. Las dos grandes provincias serranas eran aliadas del Inca Huáscar y
en esos lugares habían fortalezas y guarniciones. De hecho en ellas se
produjeron sangrientos encuentros y Atahualpa llevó a cabo muy duras
represalias.
Cuerpos menores del ejército triunfante de Atahualpa, se dirigieron a la
zona tallán y tal como lo señala Cieza de León, se produjeron sangrientos
encuentros con la guarnición Inca de Poechos, en donde el antiguo gobernador
huascarista fue reemplazado por el capitán Mizabilca, con mando militar sobre
todo el valle del Chira, y también las localidades de Pariñas, quebrada Honda y
Máncora.
Pero Atahualpa no se podía distraer mucho en la costa tallán, pues tenía
todo su empeño en destruir los ejércitos de Huáscar en la sierra.
Hay que suponer, que le bastaría que de buena gana o a regañadientes
todos los curacas se le sometieron. Algunos como el de Amotape y posiblemente el
de Pariñas se convirtieron en una especie de aliados menores. Otros como los de Tangarará, Marcavelica y Chira,
mantuvieron su secreta adhesión a Huáscar, que se patentizó más cuando llegó
Pizarro.
Pero por encima de las rencillas de los dos hermanos, los tallanes lo
que más amaban era su libertad y su autonomía.
Parece que los encuentros bélicos barrió en el territorio tallán con el
sistema del matriarcado o de las cacicas capullanas. Posiblemente las mujeres
no eran personas aptas para asuntos de guerra. Eso explica por que en solo
menos de cuatro años que mediaron entre el paso de Pizarro por la costa tallán
en 1528, hasta su arribo a Poechos, fueron suficientes para que los
conquistadores no encontrasen ninguna cacica, por que ningún cronista se refiere
a ellas desde la batalla de Tumbes hasta la prisión del Inca.
Tampoco los cronistas se han referido a la importante aldea que existió
en tiempos pre-incaicos al N.O. de Lobitos que parece ya había desaparecido
mucho tiempo antes.
A fines de Mayo de 1532, Pizarro llegaba a Poechos procedentes de Tumbes
y se alojaba en la fortaleza incaica existente en ese lugar.
Desde este lugar envió grupos exploradores por el valle, llegando hasta
Paita y Colán.
Uno de esos grupos al llegar a la región del curaca Amotape, pasó a la
otra margen donde había un adoratorio o huaca y los españoles llevados por su
ambición empezaron a depredarla, sin tener en consideración que para los
tallanes era un lugar sagrado por que allí estaban enterrados curacas y gente
principal. Enfurecidos los indios, los atacaron y los españoles tuvieron que
refugiarse en un templete que había en el mismo lugar y resistir. No se ha
podido establecer si los sitiados enviaron mensajes a Pizarro o si éste supo
los sucesos de otra forma, pero el hecho concreto fue que acudió con más
fuerzas y desbarató a los indios.
Estos sucesos ocurrieron en el lugar donde ahora está la población de La
Huaca y el historiador Rubén Vargas Ugarte en “Historia general del Perú”,
supone que esto pasó después de la conspiración y ajusticiamiento de los
curacas y jefes militares de Amotape.
Pero los hechos que acabamos de relatar ocurrieron antes de que Hernando
Pizarro retornase de Tumbes a Poechos; y la conspiración de los curacas fue
cuando el hermano de don Francisco, ya había llegado a tal lugar.
Parece que más bien fueron los sucesos de La Huaca los que movieron a
los curacas tallanes a buscar la forma de liberarse de los españoles, por que
habían llegado a la conclusión de que no eran dioses, sino hombres que
disponían de gran poder pero que dado su poco número podían ser destruidos.
El que tomó la iniciativa fue el curaca de Amotape, pues Maizabilca el
gobernador que Atahualpa tenía en Poechos era en realidad una especie de
prisionero de los españoles.
La gran asamblea de curacas tallanes que se convocaba en casos muy
especiales, se debió reunir en Amotape y a ella no solo han debido concurrir
los curacas de la cuenca del Chira como los de Paita, Colán, Tangarará, La
Chira y Marcavelica sino también los de Pariñas y Máncora.
En el complot todos los curacas se unieron contra el enemigo común, sin
tener en cuenta que unos se inclinaban por Huáscar y otros por Atahualpa.
Pizarro supo de la conspiración y capturó a una gran cantidad de indios
a los que sometió a un juicio sumario y en forma muy rápida condenó a trece
principales a la pena de muerte, por la hoguera como si fueran herejes. Algunos
cronistas aseguran que la muerte se les aplicó con estrangulamiento o garrote,
y los cadáveres fueron lanzados al fuego.
Entre los Curacas condenados estaba el de Amotape y gente principal de
los curacazgos tallanes. Posiblemente el de Colán.
Pizarro perdonó la vida al curaca La Chira, pero lo confinó al valle de
Catacaos con una gran cantidad de sus súbditos.
Otros grupos que fueron confinados en el Valle de Catacaos, fueron del
mismo Amotape y de Marcavelica. De Pariñas fue llevado un numeroso contingente
y también se envió gente de Poechos, sumándose a los que ya estaban allá desde
los tiempos del ataque atahualpista a esa población del Alto Chira.
En el valle de Catacaos, el grupo Pariñas y los otros formaron
parcialidades y no se mezclaron con los demás.
Como consecuencia de esa acción represiva, los campos de cultivo que
existían en torno a las quebradas de Pariñas y Honda, vinieron a menos y el
curacazgo entró en un periodo de decadencia.
Pizarro antes de partir a Cajamarca, repartió tierras y encomendó indios
a los capitanes que se habían distinguido y quedaban en San Miguel. Casi todos
los antiguos curacazgos quedaron reducidos a la simple condición de
repartimientos. Es decir que de golpe, el antiguo régimen de tenencia de la
tierra cambió, y surgieron nuevos dueños de ella. Pero no sólo eso. También se
les dio mano de obra gratuita al encomendárseles indios, a los que
supuestamente debían de proteger e instruir en la religión católica. Lo único
que hicieron los encomenderos fue explotar a los indios a los que
redujeron a la casi condición de siervos
como en el fenecido feudalismo europeo.
Poechos, Tangarará, La Chira, Amotape y Pariñas se convirtieron en
repartimientos.
También Catacaos, Pabur, Serrán, Sechura y Punta Aguja.
Paita, Colán y Marcavelica quedaron tan despoblados que resultaron muy
pobres y quedaron por el momento vacantes.
Casi inmediatamente de la toma del Cuzco por los españoles, se
produjeron las disputas entre Pizarro y Almagro que se convirtieron en
sangrienta guerra civil y luego vino la rebelión de Gonzalo Pizarro contra el
Virrey Blasco Núñez de Vela. En todos esos hechos tanto Piura, como Paita
fueron escenario de acciones importantes, pero los pueblos de pescadores como
Máncora, y otros se mantuvieron al margen, posiblemente por su distancia al
valle del Chira y a las principales vías de comunicación.
Paita, curacazgo del jefe indio del mismo nombre, se convirtió por casi
doscientos años de coloniaje en la principal puerta y puerto de entrada y
salida del Virreynato.
La agricultura que los Mochicas, Chimús e incas habían logrado mantener
con mucho esfuerzo en las proximidades de las quebradas, se perdió totalmente.
Apenas había agua para beber.
La única actividad económica, fuera claro está de la pesca, era la
extracción de la brea, que los españoles utilizaban para calafatear el casco de
sus naves, para impedir el ingreso del agua.
La industria de extracción de perlas que había existido antes de la
llegada de los españoles entre cabo Blanco y Máncora, también se paralizó.
El extinto escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, en su obra
“Catac-Ccaos” recoje una versión del abogado Manuel Yarlequé, también
cataquense del siglo pasado, y expresa que etimológicamente el vocablo tallán
Paric-Anac significa caverna.
EL historiador Juan Paz Velásquez en “Piura en la conquista” I Volumen,
al dar una relación de los curacas existentes en época de la Conquista,
menciona al de “Pariña y el principal Máncora”.
Los tierras del curacazgo de Pariñas al quedar en estado de abandono
fueron considerados pobres y ningún
capitán español las solicitó como repartimiento quedando por lo tanto sin
adjudicar como propiedad real o realengas.
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