JOSÉ
LAMA Y LAS TIERRAS DE MÁNCORA Y PARIÑAS
Al finalizar el siglo llegaba a Piura procedente de Trujillo don José
Lama Sedamanos, que bien pronto se relacionó con las mejores familias de Piura,
contrayendo matrimonio con doña Luisa
Farfán de los Godos y Ramos, que era una rica heredera. Doña Luisa era hija de
don Diego Farfán de los Godos y de Doña Josefa Ramos y Castillo, de la que
heredó la Hacienda “La Capilla”,
cuyos predios se extendían hasta el poblado de “La Punta”. Abuelos
de doña Luisa fueron don Pedro Martín Ramos y doña Mariana del Castillo. Esta
última a su vez fue hermana de los presbíteros Silvestre y Diego y de don
Miguel Serafín, antecesores de Grau, y propietarios de las haciendas de
Tambogrande, Huangalá, Somate, y otras.
Como en 1783 el obispo de Trujillo había creado en La Punta una
reducción, su población creció enormemente, en forma tal que en 1813 tenía nada
menos que 3.659
habitantes,
lo cual le daba derecho a tener un cabildo elegido por votación popular de
acuerdo a lo dispuesto por las democráticas Cortes de Cádiz.
habitantes,
lo cual le daba derecho a tener un cabildo elegido por votación popular de
acuerdo a lo dispuesto por las democráticas Cortes de Cádiz.
Don José de Lama que administraba los bienes de su esposa, se opuso,
pero el cabildo de todos modos se instaló en 1814. Precisamente en esos
momentos en la lejana España ocurrían suceso de gran trascendencia, al retornar
Fernando VII al trono, disolver las cortes de Cádiz y dejar sin efecto la
constitución democrática y los cabildos elegidos por voto popular. Fue entonces
que don José Lama reinició sus pugnas con los habitantes de La Punta.
Pero la ambición de don José Lama no tenía límites y fue así como buscó
la forma de apropiarse de las extensas haciendas Máncora y Pariñas de
propiedad del hospital Santa Ana de
Piura, administrado por las Madres de Belén.
Veamos lo que al respecto apareció en el diario “La Industria”
de Piura el año de 1960. El 14 de abril de ese año, bajo el título a 8 columnas
de “La Brea y Pariñas,
reclamará la Beneficencia”,
se hace un largo historial, por parte del Dr. Carlos León Monzón, por entonces
presidente de esta institución, de la forma como la Beneficencia
o lo que es lo mismo el hospital llamado después de Belén, perdió las haciendas
mencionadas. Dice “La Industria”:
“Por el año 1815 los indicados fundos (Máncora y Pariñas) se pusieron en pie
brillante despertando la codicia de los hombres, hasta lograr de los
conductores, que se otorgase a favor de don José Lama un contrato enfitéutico
del dominio útil de la hacienda Máncora por un período de 150 años”. Más
adelante dice: “Consumado este atropello contra los pobres enfermos del
convento- hospital, don José Lama y su esposa, al recibir el fundo Máncora, con
mucha astucia al otorgar la fianza y recibo de inventario, incluyeron también
los bienes y capitales del fundo Pariñas, como fácilmente se puede comprobar
por la escritura pública del 13 de diciembre de 1815 ya referida”.
Lo peor de todo esto, es que el hospital no se benefició en su economía
con el pago de las anualidades del contrato, pues don José Lama entró
rápidamente en mora como se verá más adelante.
Cuando fenecía el poder colonial en Piura, los dos más grandes
terratenientes eran don José Lama y el marqués de Salinas don Francisco Javier
de Fernández de Paredes.
Al terminar el siglo XVIII, y con el mismo las últimas etapas del
sistema colonial, en lo que ahora es la provincia de Talara no existía ninguna
población de importancia. Sólo Máncora y Negritos, tenían alguna significación,
ya que el resto eran poblados muy pequeños donde vivían cuantas decenas de
familias.
En lo administrativo, religioso y militar, toda esa zona dependía de
Amotape que por esa época sí
tenía cierta importancia.
En Amotape existía desde 1770 un escuadrón de dragones que se mantuvo
hasta los días en que Piura proclamó su independencia.
Casi como puestos de vigilancia, y dependiendo de Amotape existía en
Máncora y en Negritos pequeños puestos militares integrados por unos cuantos
individuos de tropa. Estos eran suficientes para mantener la tranquilidad en
esos lugares.
Cuando la agitación revolucionaria e independentista llegó hasta Piura,
en los pequeños poblados de la hoy provincia de Talara la vida transcurrió sin
alteraciones. Sus habitantes casi no estaban enterados de los sucesos que
ocurrían en el resto del virreinato y del mundo, y solo se dedicaban a la pesca
o aprovechaban como agricultores pequeños, la poca agua que en verano corría
por las quebradas. Eso les daba lo indispensable para vivir y quizá algún poco más para comercializar y tener así los
medios de poder hacer otras adquisiciones.
Era don José Lama, el propietario de toda la hoy provincia de Talara, el
poder que tenía le permitía intervenir
en la vida social y política de Piura.
El 17 de marzo de 1821, los
hermanos Andrés y Victoriano Cárcamo, paiteños que eran tripulantes del
pailebot español “Sacramento”, lo capturaron a la altura de Negritos, con la
ayuda de otros marineros.
El barco había salido del Callao rumbo al norte, pero no podía hacer
escala en Paita por que desde enero el puerto había declarado la Independencia.
En el pailebot iban 25 pasajeros,
entre ellos el teniente Agustín Sánchez Navarrete que era portador de
importantes pliegos del virrey a las autoridades de Panamá, pues Sánchez debía
ver la forma que llegasen a destino.
Producida la captura del barco, se decidió que varios pasajeros cuyo
destino era Paita o Piura, desembarcasen. Un total de 7 personas desembarcaron
en Negritos, siendo el teniente Sánchez Navarrete, de inmediato detenido por
soldados del puesto patriota de Negritos, y llevado a Piura donde fue entregado
al comandante militar del partido que era el mayor Félix Olazábal, el día 18 de
marzo.
De esa forma Olazábal pudo enterarse en forma muy anticipada de la
rebelión y captura que los hermanos Cárcamo habían hecho para la causa
patriota.
Los Cárcamo, con el “Sacramento” recién en la noche del 21 de marzo
llegaron a las proximidades de Paita y avisaron al comandante militar del
puerto don Francisco Frías Adrianzén de todos los sucesos y que el barco estaba
a la disposición de las autoridades patriotas. Es decir que Olazábal supo de la
captura antes que Frías. Por eso no fue de llamar la atención que el mayor
Olazábal se presentase en Paita el día 23
en la mañana muy temprano, cuando aún
Frías no había tenido tiempo de avisarle.
Olazábal era un militar argentino muy joven pues sólo tenía 24 años pero
era todo un veterano de la independencia de Argentina y Chile. En cambio Frías
contaba ya con 56 años y ostentaba el
grado de capitán. Tenía un hijo sirviendo en el ejército en Piura y otro con
Torre Tagle en Trujillo.
Junto con Sánchez Navarrete que era paiteño, desembarcaron en Negritos a
varias mujeres con sus hijos y servidores, por lo tanto en 1821 Negritos ya
existía como caleta.
El 15 de octubre de 1825 los regidores del cabildo de Piura denunciaron
la deficiente atención que se daba a los enfermos del hospital de
Belén y que incluso se negaba en muchas oportunidades a recibirlos. Agregaban
que en una visita que habían efectuado encontraron a ocho enfermos
hospitalizados varones y en la sala de mujeres a dos; que habían manifestado
estar regularmente atendidos en cuanto a alimentación y atención médica.
Pero esas declaraciones las prestaron
ante el padre vice-presidente del hospital fray Francisco de la Natividad.
Llamó la atención que el servicio no fuera mejor en el hospital, por que se suponía que percibía buena renta
por el arrendamiento de varias propiedades, sobre todo de sus ricas haciendas
de Máncora y Pariñas, donde Lama había
creado una próspera ganadería.
El cabildo nombró a los cuatro regidores denunciantes para que
constituidos en comisión, supervisaran el hospital durante un año.
La comisión al revisar los libros de ingresos, comprobó que varios
inquilinos de predios estaban adeudando numerosas cuotas, y que nada menos que
don José Lama estaba adeudando muchas anualidades. También un señor Farfán de
los Godos (pariente de Lama) que ocupaba una casa vivienda en la ciudad de
Piura.
Lama fue notificado por el cabildo, pero a pesar de eso no pagó, lo que
obligó a una nueva notificación más enérgica y conminativa.
El cabildo de Piura ejercía el patronato del hospital, de acuerdo al
acta de fundación del convento de San Francisco, de fecha 29 de julio de 1677 y
del acta de entrega del hospital a fray Rodrigo de la Cruz el 27 de
octubre de 1678.
Durante los últimos tiempos de la colonia se había establecido el
estanco de la brea, pero el Estado mediante adjudicación permitía su
explotación por particulares.
Al promulgarse el 12 de noviembre de 1823 por Torre Tagle la que fue
segunda y fugaz constitución, en su artículo 155° suprimió los estancos en todo
el país, es decir que se terminaba con el monopolio del Estado sobre ellos.
El jueves 8 de setiembre de 1825 el Libertador Bolívar, expide un
decreto según el cual establece que las minas abandonadas, o derrumbadas de
antiguos poseedores y las que antes eran denunciables, eran de propiedad del
Estado. Luego dispone que tales minas se arrienden o vendan en remate público
por cuenta del gobierno adjudicándose su valor a los acreedores que tuviera el
Estado, en pago y cancelación de los créditos que hubieran sido debidamente
calificados. Es decir, se hizo lo que
ahora se llama
privatización.
Fue en virtud de esa disposición legal que el gobierno vendió el 28 de setiembre
de 1826 por escritura pública suscrita en Lima ante el notario Julián de Cubillas, la mina de Brea ubicada en cerro
Prieto, conocida como mina de Amotape,
con lo cual el Estado cancelaba una acreencia de 4.964 pesos que tenía con don
José Antonio de Quintana.
La adjudicación se refería a una mina de Brea y no mina La Brea que es muy
diferente. Por otra parte era concretamente para explotar brea y no para ningún
otro producto que estuviera en el subsuelo como más tarde sería el petróleo. El
escribir mina de Brea en lugar de mina de brea, daría origen a un problema de
mas de 100 años con repercusión nacional.
La mencionada mina estaba dentro de la hacienda Pariñas que era
conducida por don José Lama, el que claro está no era dueño del subsuelo.
Los dueños posteriores de la mina pretendieron y lograron que el área
pequeña que tenía se ampliara
extraordinariamente como mina de la Brea. En la
escritura de adjudicación sólo se hablaba de "mina de Brea ubicada en el
cerro Prieto” es decir circunscrita a él, pero los posteriores dueños
recurrieron a viejos documentos como cuando en 1709 se dio en explotación a
Urdapileta. Eso significaba casi toda la actual provincia de Talara, lo que en
modo alguno estaba en relación con la deuda de 4.964 pesos que tenía con Quintana.
Pero hay que aclarar que no fue Quintana, sino los posteriores dueños,
es decir Lama, Helguero y las compañías extranjeras, las que hicieron que la
pequeña mina de brea se convirtiera por arte de magia, en una enorme extensión
de terreno con la fantástica
riqueza petrolífera.
Fue el error de poner “mina de Brea” en lugar de “mina de brea”, es
decir escribir la letra B con mayúscula, lo que fue aprovechado y creó todo el
problema posterior.
El decreto de venta decía: “Visto, se adjudica a don Juan de Quintana la
mina de Brea cito en cerro Prieto, en el
departamento de la Libertad ...
conocida como la mina de Amotape, perteneciente al Estado”.
Lama
adquiere la mina de Brea.
Don José de Lama en 1827, no perdió tiempo. De inmediato tomó contacto
con Juan Antonio de Quintana y le compraba la mina de brea. En realidad,
Quintana era su testaferro.
El 14 de
marzo de 1827 por escritura pública otorgada ante el notario Manuel Núñez se
cierra la operación que dice: “Sírvase Ud. extender en su Registro de Escrituras Públicas, una de
traspaso que (Juan Antonio de Quintana) hago de la mina de la Brea de Amotape,
sita en Cerro Prieto, que fue propiedad
de la República y
ahora mía, a don Mateo de Lama, vecino de esta ciudad, como apoderado y
representante de su hermano entero don José de Lama, vecino de Piura, por la
misma cantidad de 6.247 pesos en que me fue adjudicada por el Supremo Gobierno
en pago de un crédito por igual suma”.
Por el texto anterior se puede apreciar, que
siguieron introduciéndose variaciones en la denominación de la mina, y ya no
se dice mina de Brea, sino mina
“de la Brea”. Es decir
que el sustantivo brea que antes servía para denominar a la sustancia
betuminosa de la mina, ahora se convierte en nombre de la mina.. Agregar el
artículo determinativo “la” cambió totalmente el sentido de las
cosas.
Hay también una precisión en cuanto al monto de
la acreencia de Quintana con el Estado, pues antes se dijo que la acreencia era de sólo 4,964 pesos y ahora
se decía
6,247.
Posteriormente se seguirá con el juego de
palabras y entonces se hablará de la
“Hacienda Mineral de La Brea”.
La realidad era que la mina sólo tenía una
extensión de 3 hectáreas
pero más tarde se convirtió en los ricos yacimientos de petróleo.
En 1915, cuando nuevamente se agitó el asunto y
motivó enconados debates en el congreso, el gobierno dio el 22 de mayo de ese
año, una resolución suprema desconociendo que la mina original hubiera abarcado
las áreas de la Brea y Pariñas y
sólo la circunscribía a La Brea, y aún
eso era mucho más de lo que
debió ser.
Lama mediante el contrato enfitéutico que había
celebrado con el hospital de Belén,
controlaba el uso del suelo de una enorme extensión. Pero aún no era propietario, del
subsuelo no obstante que los 150 años que le daba el contrato, le
permitía el dominio útil del suelo hasta su cuarta generación.
Lo que en realidad quería Lama era convertirse
en propietario absoluto, del suelo y del subsuelo, en una extensión que en
Europa correspondía a muchos reinos. Al
fin lo conseguiría, poco tiempo después.
Por lo pronto, ya había empezado a ser también
propietario de parte
del subsuelo. El tiempo haría el resto.
Lama era un hombre de muchas influencias.
El 4 de enero de 1821 fue un buen
colaborador de Jerónimo Seminario y Jaime en la Proclamación
de la Independencia
de Piura y resultó elegido alcalde de 2do voto en el primer Cabildo
Independiente de Piura. Posteriormente se presentó como candidato al 1er
Congreso Independiente pero no fue elegido, lo que en cambio sí logró el
marqués de Salinas, Francisco Javier Fernández de Paredes, con quien tenía
notoria enemistad.
.
El nuevo conductor de la hacienda Máncora, don José Lama supo aprovechar
de los pastos naturales que había en el extenso fundo y bien pronto logró
convertirse en propietario de ganado vacuno, caballar y mular.
Sus vinculaciones personales le permitieron ser uno de los principales
proveedores del ejército en la región.
El año de 1828 fue de intensas lluvias, las cuales fueron excepcionales
copiosas sobre todo, a mediados del mes de marzo, haciendo crecer grandemente a
las quebradas que desembocan en el océano Pacífico. Tras de los daños que las
lluvias e inundaciones siempre causan, quedó en toda la zona de Máncora y otros
lugares próximos un manto verde de pasto, que permitió a Lama incrementar su
capital ganadero.
Por entonces ya Bolívar no estaba en el Perú, se había suprimido la
constitución vitalicia y convocado a un nuevo congreso que en abril de 1828
promulgaba una nueva constitución que de inmediato juró el presidente José de la Mar. Las
autoridades de Piura, juraron esta constitución los días 25 y 26 de mayo.
Mientras tanto los problemas entre Perú y Bolívar que regía la Gran Colombia
se habían puesto muy tirantes y el 3 de
julio de 1828 el Libertador declaró
la guerra al
Perú.
El presidente La Mar actuó
prontamente y el 23 de setiembre del mismo año, con la escuadra y numeroso
ejército llegaban a Paita y sigue luego a Tambogrande donde se acantona por
breve tiempo y prosigue rumbo a la frontera para ingresar al sur del Ecuador,
país que era parte integrante de la Gran Colombia.
El ejército peruano ajustó un contrato con José Lama para que lo
abasteciera de carne de ganado vacuno y también caballar y mular. Para poder
ajustar estos tratos se levantó a José
Lama la sanción de confinamiento en Piura, que cumplía por sospechas
relacionadas con asuntos políticos.
Para llevar el ganado desde Máncora hasta Tambogrande, se tenía que
hacer un gran rodeo que demandaba mucho tiempo y las necesidades de carne para los soldados eran de urgencia. Considerando
Lama según dijo; el interés nacional,
metió a sus ganados por las tierras de Mallares de Francisco Javier Fernández
de Paredes, como camino más corto, pero era el caso que también en Mallares
habían pastizales y los animales en tránsito lo aprovechaban para su
alimentación. Ante esta situación el marqués de Salinas, propietario de
Mallares se opuso al paso del ganado y Lama se quejó ante La Mar. El 1° de
noviembre el presidente en campaña notificaba al marqués de Salinas por
intermedio del subprefecto de Piura para que no opusiera dificultades al paso
del ganado y que posteriormente hiciera
sus reclamaciones.
En 1826, Lama era propietario del subsuelo en la mina de brea y a la vez
usufructuario del suelo de las haciendas
Máncora y Pariñas. A esta última se la llamaba
indistintamente hacienda La Brea.
La hacienda Máncora limitaba por el norte con los corrales de Tumbes
(después se llamó, Corrales al sitio) y la hacienda Plateros. Por el este con
las haciendas Zapayal, Cazaderos, Jaguay Negro, Pazul y Tangarará. Por el sur
limitaba con la quebrada Pariñas y por el oeste con el Océano Pacífico.
La hacienda La Brea tenía como
linderos, por el norte quebradas Honda y Pariñas por el sur las barracas de
Amotape y el valle del Chira. Por el este las montañas de cerro Prieto y por el
oeste el océano Pacifíco.
En total, mas que la
actual provincia de Talara.
Diego Lama, uno de los dos herederos de don José Lama, en 1870 ya
conocía la importancia del petróleo y que las tierras de su propiedad eran
ricas en ese
hidrocarburo.
El 31 de diciembre de 1828 llegó Gamarra con otro contingente de fuerzas
y se unió en Ecuador a las fuerzas de La
Mar.
Luego se inició la campaña militar y se produjeron las acciones de
Saraguro y Portete de Tarqui que no fueron favorables a las armas peruanas y
por convenio motivaron la retirada del
Ejército Peruano del Ecuador. En abril estaba La Mar nuevamente en
Piura dispuesto a continuar la
guerra por Guayaquil que ocupaba
el ejército peruano y donde triunfaban
nuestras armas
Para atender a las necesidades del ejército, en 1829 se solicitaron a
personas pudientes de Piura préstamos. Don Francisco Távara prestó 2.000 pesos
al comisariato de Guerra y don José Lama prestó 5.660 pesos que debían ser
devueltos en Lima a García y Cía. que eran acreedores de Lama.
El 7 de junio el general Gamarra
depone al presidente La Mar y lo deporta
asumiendo el poder. Durante el tiempo que Gamarra estuvo en Piura, fue
frecuentado por don José Lama el que logró la amistad del caudillo militar, que
le iba a producir con el tiempo muy buenos dividendos.
Después de la deposición y destierro de La Mar, se había
convertido el general Gamarra en el
presidente y hombre todo poderoso del
Perú.
Don José Lama sacó muy buen provecho de eso. De inmediato inició
gestiones en Palacio, para que se cambiase el contrato de arriendo enfitéutico
que tenía de la hacienda Máncora, por otro de propiedad definitiva.
En agosto de 1831 llegó al cabildo de Piura una comunicación que
aparentemente procedía de Lima, pero que podía establecerse había sido remitida
desde Trujillo alertando a los cabildantes, de que se se estaba
gestionando ante el presidente Gamarra
la compra de Máncora de parte de Lama. No obstante que la comunicación no tenía
firma y era por tanto anónima, el cabildo de Piura encomendó al diputado Juan
Antonio Távara Andrade, para que se opusiera a la venta, lo que creía lograr
por que el parlamentario piurano era nada menos que presidente de la cámara de
diputados.
Pero ya era tarde. En realidad Lama había andado muy rápido con Gamarra
y desde hacía mas
de un año
se había decidido e l asunto.
En forma muy abusiva y reservada, pues no era el Estado, el propietario de la hacienda Máncora ni se
había cumplido con el requisito previo de la expropiación, Gamarra por decreto
dispuso que se entregara en venta, el dominio
directo de la hacienda
Máncora por 43.926 pesos.
Como era lógico suponer eso motivó protestas airadas del cabildo de
Piura y de las religiosas del hospital de Belén. Para calmar a la opinión
pública, el Estado acordó el pago a
perpetuidad, de una renta anual de 2.070
pesos, que se estuvo pagando
hasta la década del 50 del reciente siglo XX.
En 1988, el Dr. Héctor Lama Lama, ya fallecido, informó al autor de esta
historia que su antepasado se comprometió a entregar semanalmente un “camarico”
al hospital de Belén. Lama cumplió casi hasta el momento de morir con este
compromiso y el mayordomo del fundo “La Capilla”
Pedro Sandoval, se presentaba religiosamente con un asno cargado de frutas,
hortalizas y aves, al convento.
En realidad Sandoval era un hijo natural de Lama, pero tenía el apellido
de la madre. A la entrada del cementerio
de Sullana se encontraba hasta 1980, su
tumba en un cúmulo de adobe, y de
acuerdo a ella murió el 29 de agosto de 1894.
El Dr. Héctor Lama, con mucho sentido del humor, decía que con el correr
de los años las monjitas se olvidaron de la razón que movía a don José de Lama
para el regalo del “camarico” y le pusieron el halagador sobre nombre de “El
padre de los pobres”.
Lama falleció en 1850 en La Capilla y sus
restos fueron trasladados a Piura y sepultados en el cementerio San Teodoro. En
el Cuartel San Carlos, Nicho 14 reposan sus restos y en la modesta lápida dice
que fue “El padre de los pobres”.
Hay un documento, en el que se menciona que el valor de la venta fue
por 20.000 pesos de los que Lama había
quedado debiendo 7.000.
Un documento permite establecer que la venta fue en realidad, no por
43.926 pesos sino por 20.000 y que cuando llegó el anónimo al Cabildo de Piura
alertando sobre las pretensiones de Lama, hacía ya casi un año se había cerrado
la operación. El documento es el siguiente:
Casa de Gobierno de Lima a 23 de octubre de 1830.
Señor Ministro de Estado en el Despacho de Guerra.
Señor Ministro.
Con esta fecha digo al señor Prefecto del Departamento de la Libertad lo que
sigue:
“Señor Prefecto. Habiendo puesto a disposición del Gobierno, don Juan
José Vega Bazán a nombre de don José de Lama, una letra de trece mil pesos
girada contra don Juan Távara del comercio de esta ciudad, cuyo pago ha sido
aceptada por éste; cuatro mil pesos a los 15 días de la fecha, y el resto en fin
del entrante noviembre; en reintegro a los veinte mil que debe de entregar por
el valor del dominio directo de la hacienda Máncora y cuya cantidad se previno
a V.S. en orden del 8 del corriente, dispusiese su cobro a la mayor brevedad;
se ha resuelto por Decreto de este día,
que la referida orden del 8, solo se entiende por los siete mil pesos
restantes.
Tengo el honor de transcribir a
V.S. para su gobierno y demás efectos.
Dios Guarde a V.S.
José María de Pando
José Lama era un hombre muy despierto y que desplegaba una gran
actividad lo que lo llevó a iniciar toda clase de empresas.
Estaba dedicado en parte a la rentable industria del jabón, para lo cual
adquirió la famosa casa-tina, al norte de lo que ahora es el templo de la Cruz donde López
Albújar ubica el drama de su novela “Matalache”.
Como disponía de una gran cantidad
de mulas, Lama se dedicó al arrieraje. En 1831 fue director del colegio del Carmen que antecedió
a San Miguel y en marzo de 1837 asumió la dirección de la Beneficencia
Pública de Piura,
pasando a partir de entonces el
hospital de Belén a ser controlado por esa institución en
lugar del concejo provincial. De esa forma Lama silenciaba todo reclamo sobre
la venta de
Máncora.
La otra letra de 13.000 pesos no fue pagada a su vencimiento, por cuyo
motivo el Estado apremió a Lama.

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