LA
GUERRA CON EL ECUADOR EN 1941
En 1941 gobernaba el Perú el Dr. Manuel Prado Ugarteche. Desde el año
anterior, patrullas armadas ecuatorianas se habían estado infiltrando en la
zona del río Zarumilla en Tumbes, motivando refriegas con soldados peruanos. En
1941 las infiltraciones se hicieron más continuas y en mayor escala, por lo
cual el gobierno creó el Agrupamiento Norte con sede en Piura al mando
del coronel Eloy Ureta. Un buen
número de unidades militares llegaron de diversos lugares del País
y se acantonaron en el departamento de Piura.
Por entonces Tumbes era una provincia de Piura. Las mayores
concentraciones de efectivos militares se hicieron en esa provincia, pero en
forma general se reforzaron todos los puntos del departamento colindantes con
Ecuador, desde Zarumilla hasta el
sitio llamado La Tina.
También en forma escalonadas se ubicaron
unidades militares. En Lobitos se
estacionó una división de ejército, transformando a esa población en un campamento militar.
El campo de aviación de Talara ubicado en el tablazo a la entrada de la
ciudad, se convirtió en una base aérea, a donde llegaron gran cantidad de
aviones de combate. Se dotó a las instalaciones petrolíferas de un adecuada
defensa antiaérea, ante la eventualidad de un ataque por aire y el puerto de
Talara se convirtió prácticamente en una base naval.
Entre los días 5 y 6 de julio de 1941 se produjeron enfrentamientos en
mayor escala al ser atacados los puestos peruanos de Aguas Verdes, Lechugal y
la Palma, así como también en la selva. El
23 de julio, tropas
ecuatorianas a las 2 de la madrugada, atravesaron el río
Zarumilla, se produjo un ataque en gran escala contra el puesto Lechugal,
causando la muerte de un sargento
peruano. De inmediato el ejército peruano inició una ofensiva relámpago a lo
largo de un frente de 50 kilómetros,
acción que se conoce como Batalla de Zarumilla que duró hasta el 31 de julio,
fecha en la cual se ocupó toda la provincia
del Oro con las poblaciones de Puerto Bolívar, Arenillas,
Santa Rosa y Machala. El ejército peruano logró romper el frente ecuatoriano y
desorganizar totalmente a esas fuerzas, quedando expedito el camino para
Guayaquil y Loja.
Era Jefe del Estado Mayor, del Agrupamiento Norte, el coronel Miguel
Monteza Tafur. Como Jefe de Estado Mayor de la
Primera División Ligera se encontraba el teniente coronel Manuel Odría
que después sería presidente del Perú y como jefe del Batallón de Infantería N°
5, el teniente coronel Carlos Miñano que tendría
destacada actuación.
Estados Unidos, Argentina y Brasil habían estado multiplicando sus
buenos oficios, para evitar que la guerra tomara mayores proporciones, fue así
como se acordó una tregua el mismo 31 de julio
y en la noche se dispuso un alto el fuego. Entonces las tropas peruanas
suspendieron su vertiginoso avance y se estacionaron en el territorio ocupado.
En esos momentos el ejército ecuatoriano ya se encontraba anulado como elemento
de combate y no hubiera podido impedir
la toma de
Loja y Guayaquil.
Pero el 11
de agosto los
ecuatorianos rompieron la
tregua en la selva, tras d e haber
estado celebrando el día anterior su Fiesta Nacional.
El 11 de setiembre, a la 1.30 de la tarde una patrulla de 25 efectivos
al mando del capitán Alfredo Novoa hacía una inspección por el río Jubones
cuando fue emboscada por un regimiento. Solo un sargento de policía y dos
clases del ejército se salvaron. En esa acción llamada de Porotillo, murieron
Novoa, el teniente Alipio Ponce, el alférez
Luis Reynafarge y 22 soldados. El Perú en represalia hizo que
la aviación bombardease puestos ecuatorianos y parecía que la guerra
se reiniciaba.
Para negociar la creación de una línea desmilitarizada que garantizara
la decisión de alto el fuego, se reunieron
en Talara delegados de los dos
países beligerante y de
los países mediadores.
Las sesiones se realizaron en la planta alta de la llamada “Casa de
Piedra” donde funcionaba la gerencia de la IPC. Otras se desarrollaron en el
hotel Royal, edificio de madera
bastante amplio.
Por entonces la guerra mundial se había extendido al Pacífico y el Japón
terminaría por atacar el 7 de diciembre de 1941, la base aero naval de Estados
Unidos del Pearl Harbour en Hawai, decidiendo su entrada en la guerra. No era
por lo tanto conveniente a Estados Unidos ni al resto de América, la existencia
de un conflicto bélico en el continente.
Habiéndose suspendido las hostilidades por mediación amigable de Estados
Unidos, Brasil y Argentina, se buscó la forma de afianzar dicha suspensión de
hostilidades, para lo cual se pensó en la creación de una zona desmilitarizada,
que facilitaría la posterior
firma de un
tratado o Protocolo.
Con tal fin, los delegados de los países mediadores, conjuntamente con
los de Perú y Ecuador se reunieron a fines de setiembre de 1941 en la ciudad
de Talara.
Posteriormente a este acto, se sumaría la república de Chile, cuando se
trató de firmar al iniciarse el año siguiente, el tratado de Paz o Protocolo de
Río de Janeiro.
El Acta que se suscribió en Talara para ratificar el Acuerdo de
Desmilitarización fue la siguiente:
“En Talara, a los dos días del mes de octubre de mil novecientos
cuarentiuno, siendo las veintidós horas,
los seis observadores militares de los tres países mediadores, Argentina,
Brasil y Estados Unidos, respectivamente, consecuentes con los documentos
cursados en la fecha, reunidos en compañías
de los mencionados delegados de Perú y Ecuador, después de estudiados
los mismos, ACUERDAN:
1era. Que los entendimientos habidos entre los delegados de Perú y el
Ecuador, con la colaboración de los observadores militares de los tres países
mediadores, permiten definir una zona desmilitarizada entre ambos ejércitos, entendiéndose
por desmilitarización la ausencia total de fuerzas armadas en tierra, mar y
aire, dentro de la zona referida, excepto policía civil, bajo la supervisión de
los observadores militares de los países mediadores, la misma que queda
limitada por las siguientes líneas:
Lado peruano, Punta Arenas, Río Salado, El Guabo, Pitahuiña, Limón
Playa, Panupali, Puente Puyango exclusive, Río Puyango, Quebrada Cazaderos,
Cazaderos, El Salto, Quebrada de Pilares, Río Calvas, Río Espíndola.
Lado ecuatoriano: Punta Mandinga, Balao, Tenguel, Río Tenguel, Pucará,
Hacienda Abañín, Guanazán, Buenaventura, Célica, Guayacán, Zozoranga,
Cariamanga, Amaluza, Zumba, Chito.
2da. Que la creación de dicha
zona tendrá por objeto asegurar la cesación de hostilidades, que ya había sido
aceptada por los países litigantes, y la
delimitación y fijación de las posiciones de avanzadas de las respectivas
fuerza militares, que quedan concretadas expresamente por las líneas determinadas en el artículo anterior.
3era. Que a los efectos mencionados, los dos países se comprometen a no
emprender operaciones militares, ni patrullajes terrestres, aéreos o navales de
ninguna especie, quedando sobrentendido que este compromiso mutuo rige también
para el territorio, aire y aguas del respectivo
país opuesto.
4ta. Que la definición de tal
zona no implica reconocimiento presente ni futuro de título alguno de soberanía
o justificativo posterior para derechos
de posesión.
5ta. Que dicha zona desmilitarizada será administrada por autoridades
civiles ecuatorianas, bajo un régimen especial controlado y fiscalizado por los
observadores militares de los países mediadores, quedando implícitamente
permitidas todas las actividades civiles habituales, que no
imparten peligro para el cumplimiento estricto de la finalidad
que se persigue
con este compromiso.
6ta. Que los observadores militares para poder fiscalizar la perfecta
desmilitarización de la zona establecida, tendrán derecho a recabar todo el apoyo
y auxilio material y moral de
ambos países litigantes, los que le prestarán por intermedio de sus autoridades
civiles y de todos los escalones de los respectivos comandos militares, las
informaciones y facilidades necesarias a los efectos mencionados en este
artículo y anteriores.
7ma. Que este documento podrá servir de base para un protocolo ulterior,
en el caso que los países litigantes y mediadores, resuelvan ampliar el marco
del compromiso contraído, siempre que se ajuste fielmente a su letra y
espíritu, siendo firmado los términos del presente y aprobados en perfecto
acuerdo por los delegados militares de Perú y Ecuador a nombre de sus gobiernos
y comandos superiores militares respectivos y como testimonio por los seis
observadores militares de los tres países mediadores; debiendo darse comienzo
de cumplimiento de las disposiciones
expresadas, a partir de las doce horas del día cinco de
los corrientes.
Miguel Monteza, Teniente Coronel Delegado del Perú; Cristóbal Toledo
Sáenz, Teniente Coronel, Delegado del Ecuador; J.P. Ibardorde, T. Navío
Argentina; U:G. Ent. T.C. U.S.A.; H. Figueiras, Teniente Coronel; Brasil; C.
Toranzo M. Mayor de Argentina; J.B. Paté Coronel U.S.A.
Hasta octubre de 1941, lo 3 países que intervenían en el Acta de Talara
se denominaban mediadores, pero a partir de enero de 1942 conjuntamente con
Chile se
convertirían en garantes
del protocolo de
Río de Janeiro.
A pedido posterior de los países mediadores, el proceso de
desmilitarización no se
inició el 5 de octubre
sino el 10 del mismo
mes.
El ejército peruano en base a ese armisticio, desocupó todo el
territorio ecuatoriano sobre el cual había avanzado, de tal modo que al
ubicarse en la línea de desmilitarización las fuerzas peruanas retrocedieron
hasta donde había sido su
línea limítrofe.
Por lo tanto, el posterior argumento de los políticos y dirigentes
ecuatorianos de pretender la nulidad del
protocolo de Río Janeiro por haber sido impuesto por la fuerza cuando el
territorio de su país se encontraba invadido, es totalmente falso.
Más bien, el Perú fue en extremo generoso, cuando el 31 de julio al
culminar la Batalla de Zarumilla, aceptó la mediación de países amigos y
suspendió las hostilidades, cuando el frente ecuatoriano había sido roto en
varios puntos y las fuerzas peruanas avanzaban incontenibles, teniendo libres
los caminos hacia Loja y hacia Guayaquil, pues la resistencia organizada del
ejército contrario ya había sido destruida.
Las sesiones para llegar al llamado Acuerdo de Talara, se celebraron en
la planta alta del local conocido como “Casa de Piedra” donde funcionaba la
gerencia de la IPC, pero no faltan algunos que aseguran que parte de las
reuniones se realizaron en un hotel llamado Royal, de madera y que era sin duda
uno de los edificios más amplios existentes por entonces en ese puerto.
Cuando Talara creció y aumentó su población, se le creó una parroquia y
se nombró al sacerdote español Luis Alonso para el cargo el que estuvo varios
años en Talara, siendo reemplazado por el P. Evaristo Pérez también de España.
En 1929 llegó el P. Jesús Santos García
que desempeñó la parroquia hasta 1941, en que lo sucede el P. Luis Pacheco
Wilson. Don Félix Sullón en “Ensayo Monográfico
de Talara”,
narra la llegada del padre Pacheco Wilson a Talara, según la versión del propio
sacerdote que da en “Historia parroquial de Talara y Negritos”. Dice:
de Talara”,
narra la llegada del padre Pacheco Wilson a Talara, según la versión del propio
sacerdote que da en “Historia parroquial de Talara y Negritos”. Dice:
“De la parroquia Matriz de San Miguel, de Lima; fue trasladado a la parroquia de Talara el presbítero Luis
Pacheco Wilson, permutando con el presbítero Jesús Santos García, de
nacionalidad española, quien por espacio de doce años administró esta
doctrina”.
“El día 16 de abril de 1941 en avión Faucett vino
de Lima el excelentísimo señor
obispo Monseñor Fortunato Chirichigno, para dar posesión de la parroquia al presbítero
Pacheco. Fueron recibidos en el campo de aviación por el gerente del
pueblo Sr. David Deckes y por el señor Eduardo Muga de la misma oficina. El
prelado presentó a los gerentes de
Talara y Negritos, y a los fieles en la misa especial, que celebró el nuevo párroco, con palabras pastorales de recomendación.
El párroco se preocupó mucho por la vida espiritual de la juventud,
logrando que los colegios concurriesen a la misa dominical. El pueblo no
asistía a misa y la piedad era escasa. A la misa de los domingos sólo
concurrían señoras elegantes. Tuvo pues un gran trabajo por realizar,
organizando la vida religiosa de la
ciudad.”
Hasta allí, lo dicho por el propio monseñor Pacheco. Con el tiempo entró
a formar parte de la historia de Talara, pues se integró y se identificó
totalmente con ella a lo largo de 45 años, después de los
cuales por su avanzada edad pasó al retiro. En efecto el 6 de enero
de 1985, el arzobispo de Piura Oscar Cantuarias nombró para reemplazar al padre
Pacheco, al joven sacerdote talareño Jorge Benjamín de Dios Morán.
El nuevo párroco
había estudiado en la
Escuela N° 1, después 15508 y en el colegio Ignacio Merino hizo la secundaria,
habiendo egresado en 1967. Inició
sus estudios religiosos en el
seminario “Domingo Savio” de Piura, luego pasó al seminario de San Carlos y San Marcelo en Trujillo donde se
especializó en educación y en filosofía. Continuó con sus estudios religiosos
en la facultad de teología del seminario de Santo Toribio de Morgrovejo de
Lima. Tras ser ordenado como sacerdote el 12 de enero de 1979, fue nombrado vicario en Paita y
de allí pasó a
Las Lomas, como párroco.
El Gobierno del presidente Prado, siguió en lo referente a la política
internacional, un accionar coordinado con el Gobierno de Estado Unidos.
El 14 de
febrero de 1945, el Perú declara la guerra a Alemania y a Japón, no así
a Italia, pues habían muchas familias e intereses de origen italiano en el
Perú.
El Perú fue el primer país sudamericano, que rompió con las dos
potencias del Eje antes mencionadas en momentos en que se encontraban en franca
derrota. En realidad la declaración de
guerra por parte del Perú era totalmente lírica y sólo una estrategia
diplomática, pues el país no estaba en condiciones de dar una aportación
militar a la
contienda.
EL Perú, en base a la Ley norteamericana de Préstamos Arriendos, había
prestado a Estado Unidos
la base aérea
del Pato en
Talara.
Para proteger a la refinería, durante el conflicto, la ciudad permanecía
a oscuras por las
noches.
Las refinerías trabajaban día y noche en forma intensa, para entregar a
Estados Unidos petróleo y gasolina cuyos barcos llegaban con frecuencia a Talara. Fue así como en 1942, en
forma fortuita se descubrió que muchos barriles no contenían petróleo sino
arroz. Por entonces el Perú pasaba una difícil situación económica y la
producción nacional no abastecía a la demanda de algunos
artículos de primera necesidad, para conseguirlos cuales como el arroz, se
hacían largas colas. Por lo tanto el descubrimiento de Talara causó un gran
escándalo en que se trató de involucrar al ministro de Gobierno Garrido Lecca,
pero él demostró en el Congreso que
no conocía nada
del asunto.
Estando don Manuel Prado por terminar su primer mandato, decretó una
amnistía política general y convocó a elecciones. Volvieron del destierro gran
cantidad de apristas y socialistas, entre estos últimos el Dr. Luciano Castillo
que había estado exiliado
en México ocho
años.
El APRA, así
como grupos independientes, y otros partidos como el Socialista, apoyaron la
candidatura del Jurista José Luis Bustamante y Rivero, que era llevado por el Frente Democrático Nacional. Otro
candidato fue el entonces general Eloy Ureta aureolado por su triunfo en la
Guerra de 1941 contra el Ecuador. Tuvo el apoyo de la Unión Revolucionaria y
grupos independientes. Triunfó ampliamente Bustamante y Rivero. El Partido
Aprista logró a nivel nacional el 50 % de las bancadas en la Cámara de
Diputados, donde desde el principio dejó sentir
su hegemonía.
Los socialistas lograron dos de las tres senadurías por Piura. El Dr.
Hildebrando Castro Pozo obtuvo una votación masiva en Ayabaca, y también muchos
votos en la provincia de Morropón. El otro senador socialista fue el Dr. Jaime
Benites, que obtuvo una gran votación en el Bajo Piura y en la provincia de
Paita. El tercer senador
fue el aprista
Leoncio Elías Arboleda.
En
cuanto a diputados, el partido aprista logró el triunfo del Dr.
Jorge León Seminario y de Ricardo Temoche. El primero capitalizó muchos votos
en la ciudad de Piura y el segundo en La Unión y Sechura de la provincia de Piura.
La U.R. triunfo en Huancabamba con el Dr. Florencio Portocarrero Olave y
en Sullana donde salió elegido don
Felipe García Figallo. En Morropón ganó el independiente
Donatilo Arellano y en Ayabaca el capitán Ernesto Merino como candidato del Frente
Democrático. En la provincia de Paita triunfó en forma aplastante el Dr.
Luciano Castillo, al lograr los votos de todos los obreros petroleros
y de los paiteños por razones
de paisanaje.
El 1° de setiembre del año 1945, falleció el senador Castro Pozo, cuando
momentos antes discutía ardorosamente en su Cámara. El senador estaba hablando
a favor de la construcción de las obras de San Lorenzo en Piura, cuando
sufrió un infarto,
y llevado a un
Hospital, falleció.
El 26 de octubre de 1946, el diputado Luciano Castillo, propone se
conceda al contralmirante Miguel Grau, el título de almirante.
El 16 de junio de 1946, empezó a funcionar en Talara, integrante
entonces de la provincia de Paita, un Colegio Nacional que inicialmente se
llamó “Alejandro Taboada”.
La creación de este colegio con el nombre
de un líder sindical muerto por
la IPC, no fue cosa fácil pues la IPC se oponía a ello. Por otra parte, no
existían antecedentes de que en una capital de distrito, como lo era Talara, se
crease un colegio nacional. La iniciativa de la creación de este colegio
correspondió al Dr. Juvenal Llanos que fuera alcalde de Talara en 1938, a
Francisco Larrea y a Moisés Merino Saavedra, que pidieron al diputado Luciano
Castillo, el que logró el apoyo del resto de la representación parlamentaria
piurana. Su primer director fue el Dr. Humberto Oliveros Márquez.
El Colegio fue elevado a la categoría de gran unidad escolar, por Ley
13535 del 6 de marzo de 1961, y se le puso por nombre Ignacio Merino. Los
talareños no estuvieron satisfechos con lo que
consideraban una ingratitud para con el líder Taboada muerto por la IPC y más
tarde lograron la creación del Politécnico “Alejandro Taboada”.
El párroco Luis Pacheco Wilson, narra
el incendio del templo de Talara de la
siguiente manera:
“Talara 17 de octubre de 1947. El viernes 17 se hizo el rezo como de
costumbre. El párroco cerró el templo, mirando que todas las luces estuvieran
apagadas. A
las 9 de la noche me retiré del templo con la hermana Angélica Gallo, venerable
anciana consagrada exclusivamente al templo y además de cinco años que había
ayudado a la bendición del Santísimo. A las 2.30 de la madrugada fui llamado
por un policía: “se incendia la Iglesia”. Inmediatamente llamé al teléfono
solicitando “contraoncendio”, desperté al Padre Marín y salí corriendo.
Efectivamente, en la forma más extraña
en plenas llamas, estaba la fachada del templo, que era toda de madera,
revestida interiormente de cartón prensando con pintura sintética. Desafiando
el peligro, por la puerta de la sacristía, entré al altar mayor, para salvar el
Santísimo; pero el calor del humo cargado me obligó a salir para tomar aire y
valor en mi intento; mucha gente había corrido tras mío para impedirme toda
acción que juzgaban temeraria. Cogido de las manos, presencié el avance de las
llamas. El fuego consumió por completo el edificio. Nada pudo salvarse. Todo se
perdió. A las 3 y media, ya no hubo nada por hacer. El pueblo
lloraba de sentimiento.”
apagadas. A
las 9 de la noche me retiré del templo con la hermana Angélica Gallo, venerable
anciana consagrada exclusivamente al templo y además de cinco años que había
ayudado a la bendición del Santísimo. A las 2.30 de la madrugada fui llamado
por un policía: “se incendia la Iglesia”. Inmediatamente llamé al teléfono
solicitando “contraoncendio”, desperté al Padre Marín y salí corriendo.
Efectivamente, en la forma más extraña
en plenas llamas, estaba la fachada del templo, que era toda de madera,
revestida interiormente de cartón prensando con pintura sintética. Desafiando
el peligro, por la puerta de la sacristía, entré al altar mayor, para salvar el
Santísimo; pero el calor del humo cargado me obligó a salir para tomar aire y
valor en mi intento; mucha gente había corrido tras mío para impedirme toda
acción que juzgaban temeraria. Cogido de las manos, presencié el avance de las
llamas. El fuego consumió por completo el edificio. Nada pudo salvarse. Todo se
perdió. A las 3 y media, ya no hubo nada por hacer. El pueblo
lloraba de sentimiento.”
Un año más tarde con ayuda de la IPC, aportes de la feligresía y del
gobierno, pudo construirse una nueva Iglesia
de material noble que al final
del siglo seguía siendo utilizada.
El 20 de agosto de 1949 se expidió una resolución suprema, firmada por
el presidente General Manuel Odría, mediante la cual se aprobaban los planes y
proyectos de la IPC, para la construcción de la nueva ciudad de Talara y se
autorizaban la realización de obras de urbanización en la
llamada Zona “D”. De igual modo se daba por cedida al Estado de un área de 25.000 m2
para levantar el local
del colegio Ignacio
Merino.
En el sitio donde ahora está la ciudad de Talara, no existía población
alguna al iniciarse la república. Recién
en el censo de 1876, figura un pequeño villorrio con únicamente 11 habitantes,
correspondiente a la hacienda de Talara comprensión del distrito de Amotape.
La explotación del petróleo, requirió de oficinas administrativas,
destilerías, muelles, almacenes,
surgiendo un pueblo- campamento de rápido crecimiento, en tal forma que cuando
se creó el 31 de octubre de 1932, el distrito de Pariñas, fue su capital. Esa
elevación de categoría política contribuyó aun más a su crecimiento y
prosperidad, pues tuvo un municipio distrital, un gobernador y otras autoridades
peruanas.
El año 1945, la ciudad campamento de Talara, de acuerdo a las
necesidades de trabajo se componía de tres zonas urbanas. La llamada parte
alta, en las laderas del morro Talara, estaba destinada para los jefes y
directivos extranjeros de la empresa. Su ingreso a la misma estaba prohibido,
para el que no fuera morador de la misma. Luego venía otra zona llamada planta
baja, destinada a funcionarios y empleados peruanos, y la tercera era el barrio de los obreros,
compuesto por canchones de madera, colocados sobre pilotes que disponían de
servicio de alcantarillado, agua,
energía eléctrica y gas.
En 1948 se trasladó el campamento de la parte alta, a punta Arenas
construyéndose viviendas para los funcionarios peruanos de cierta categoría. En
la parte sur y norte, de punta Arenas, se alojó el personal subalterno.
La zona de los trabajadores se rediseñó y se construyó con modernas
viviendas de material noble, para lo cual se tuvo que trasladar a las familias
que habitaban en la zona del Tablazo, donde moraban en canchones de madera. 

Fue la firma Graña y Montero la que edificó la nueva ciudad-jardín,
dotándola de todos los adelantos modernos, como para una población de 25.000
habitantes, Se constituyó así en la ciudad de tamaño intermedio, más moderna del Perú, la cual no se estructuraba
por calles sino por parques. Se ha asegurado
que su construcción se hizo en base a patrones y planos de una
ciudad tipo norteamericana.
Las casas que el personal obrero dejaron en el Tablazo o Talara Alta, se
destinó a jubilados y maestros de escuela.
Se reservó dentro de la nueva ciudad, dos zonas, donde
la Municipalidad ejercería su jurisdicción en forma amplia: el centro cívico y
el barrio particular de Santa Rosa. Los servicios de agua, electricidad y gas,
los proporcionaba la empresa en forma gratuita y también la limpieza pública
estaba a cargo de la IPC, que mantenía
a la ciudad muy
pulcra.
La construcción de la nueva ciudad se inició en 1950 y se terminó en
1954. También contaba con
una compañía de
bomberos modernamente equipada.
Casi al momento de su terminación, la nueva ciudad, necesitó de más
áreas habitacionales, para alojar a los pescadores a los que se ubicó en la
zona llamada de San Pedro
y se les construyó un muelle. En
1951, ya aparecía al este de San Pedro, el primer barrio marginal
al que se llamó
Leticia.
En la década del 60, al crecer la población, la IPC se vio en la necesidad de habilitar
nuevos terrenos para particulares, en el Tablazo y en el norte de la
ciudad, los que
fueron ocupados por
gran cantidad de
comerciantes.
Al Sur-Oeste del aeropuerto, en la parte alta, se construyó la
urbanización militar, pero posteriormente sus moradores fueron
trasladados a Lobitos, donde fue ubicada una división de ejército. En las
proximidades del aeropuerto, se construyó
la Villa FAP.
Más tarde aparecieron en Talara los
barrios Cuernavaca y 13 de
mayo.
Después de la nacionalización del petróleo y la salida de la IPC, Talara
fue declarada ciudad abierta, se paralizaron las obras de infraestructura
urbana, la municipalidad se encargó del suministro de servicios públicos que
dejaron de ser gratuitos, se iniciaron los problemas de la administración de la
ciudad, perdió su eficiencia el servicio de limpieza pública, los jardines se
marchitaron salvo en algunos casos en que los vecinos daban su aporte y Talara
adquirió todos los males de cualquier ciudad peruana. También se introdujo el
desorden arquitectónico en cuanto a la construcción de nuevas viviendas por
particulares.
En 1950 gobernaba
dictatorialmente el general Manuel Odria, que en 1948 había derribado al
presidente Bustamante y Rivero. Como deseaba continuar en el poder pero en
forma constitucional, convocó a
elecciones y se presentó como
candidato, para lo cual renunció al cargo seis meses antes de las elecciones y
dejó la presidencia al general Zenón Noriega, su segundo. Esto es lo que se
llamó la bajada al llano. Demás está decir que era Odría el que seguía
dirigiendo la política peruana. Odría no quiso tener competidores y por eso
cuando se presentó como otro candidato
el general Ernesto Montagne, el amañado Jurado Nacional de Elecciones lo
descalificó y fue arrestado en pleno proceso
electoral. Entonces Odría se presentó sin opositor
y “ ganó”.
Lo que pasaba en Lima se reflejó en Piura. En el departamento el partido
aprista que otra vez estaba fuera de ley, no participó y anunció abstención. En
igual situación estaba la UR que en Piura conservaba cierta fuerza. Por lo
tanto en el departamento para disputar las senadurias y las diputaciones solo
se presentaron el Partido Restaurador de Odría y el Partido Socialista de
Luciano Castillo.
En las elecciones, los candidatos socialistas, no solo tuvieron sus
propios votos, sino también un gran número de votos de partidos que no
habían podido postular como la UR
de tal modo que el triunfo socialista fue total.
Pero la revisión tenía que hacerse en el Jurado Departamental de
Elecciones que estaba jefaturado por el abogado Otoniel Carnero, el cual estaba
al servicio incondicional de don Federico Bolognesi, uno de los hombres de
confianza de Odría, que lo acompañó en su fórmula como 2do.vice-presidente de la República.
El Dr. Carnero en el
recuento hizo un acomodo dando el
triunfo casi total a los candidatos del
Partido Restaurador. Hasta llegó Carnero, a publicar la lista de los supuestos ganadores, y el escándalo
fue tal que la prensa y en la opinión pública se levantaron airadas voces de
protesta. Fue entonces que se produjo una reunión entre Bolognesi y Luciano
Castillo. Este, se vio en la necesidad de sacrificar a tres de los suyos, que
fueron: Sinforoso Benites que había ganado la segunda senaduría fue reemplazado
por Enrique Checa Eguiguren, José Castro Silva fue reemplazado por Felipe
García Figallo, ex U.R. en Sullana y el
Dr. Teodoro Garrido Lecca fue reemplazado por Isidro Guevara Cornejo. El
reemplazo de Garrido Lecca había dado origen
a varias propuestas pero al final, Bolognesi impuso a Guevara que había sido su
servidor.
La representación piurana quedó entonces compuesta del siguiente
modo: senadores Luciano Castillo y
Enrique Checa Eguiguren. Diputados, los Socialistas Ricardo Cáceres Cherre,
Juan Aldana y Victor Zavala Vilela. Por el partido Restaurador, los
diputados Roberto Carrión Guzmán, Isidro
Guevara, Felipe García Figallo y Florencio Portocarrero, estos dos últimos ex
U.R.
En 1951, entre Máncora y Lobitos, se
fundó el club internacional de pesca o “Fishing Club” cabo Blanco,
de carácter exclusivo.
Desde entonces fue punto de cita para vacaciones de millonarios
extranjeros y personajes de fama mundial que se sentían atraídos por la pesca
deportiva del merlín negro y del pez espada. El escritor norteamericano Ernest
Heminway, se inspiró en la pesca del merlín y en los pescadores de la caleta
para escribir su novela “El viejo y el mar” que mereció el premio nobel de la
literatura. Un asiduo visitante fue el actor norteamericano Spencer Tracy.
Frente a cabo Blanco, la corriente marina peruana de Humboldt, se desvía
hacia el oeste ante el empuje de la corriente Ecuatorial o de El Niño, que se
introduce como cuña. En 1968 dejó de funcionar
el Club ante la hostilidad del presidente Velasco, pero
en 1985 se
reactivó.
Desde 1950 circulaba en Sullana, el diario “EL Norte” cuyos propietarios
y directivos eran los señores Reynaldo
Moya y Félix Miranda. En 1953, con los señores Jorge Moscol Urbina
y el Dr. Ramón Abásalo Rázuri, resolvieron fundar en Piura el tabloide
“Hechos” habiendo aportado “El Norte”
toda la maquinaria, pues tenía
excedentes. El diario sólo se publicó en Piura un año y en 1994 los
propietarios Moya y Miranda resolvieron trasladar el periódico a Talara, a pedido
de un gran número de talareños. Pero como el diario “El Norte” había
sido siempre contrario a la IPC, ésta se negó a autorizar su fundación y
no le permitió el uso de ningún local.
Por esa época, el alcalde de La Brea (Negritos) don Harold Golfard,
tenía casi culminadas las gestiones ante
la IPC, para que esta cediera al municipio, los
terrenos que ocupaban la población de Negritos. Fue entonces que el
alcalde de Negritos ofreció en esa localidad un local a bajo costo para el
funcionamiento del diario, lo que fue aceptado por Moya y Miranda. Se
presentaron entonces otros graves problemas pues la IPC bloqueó todo lo
referente al avisaje y obstaculizaba la circulación del diario en Talara. La
hostilidad de la IPC aumentó cuando “Hechos” enarboló la bandera de la creación
de la provincia de Talara con capital Negritos. Esta última opción era por dos
razones: primero por elemental
gratitud y consecuencia con
Negritos y en segundo lugar porque Talara era sólo un bonito campamento y
Negritos en cambio era ya territorio libre. En los primeros meses de 1955, el
diario dejó de circular por razones económicas, pero la semilla de Talara
provincia, había quedado sembrada.
Como lo hemos dicho, desde 1954 el alcalde de Negritos Harold Golfard,
había iniciado gestiones con la IPC para que esta cediera a la Municipalidad distrital de La Brea,
las tierras que eran ocupadas por la
población de Negritos.
Las gestiones tuvieron el más cabal éxito, pues el 1º de enero de 1955,
el gerente de operaciones de la IPC, en solemne ceremonia, hizo entrega a la
municipalidad de La Brea, de los títulos
de propiedad de las tierras de Negritos a la municipalidad de La Brea. El
campamento dejó de ser tal y a partir de ese momento, las autoridades
municipales, civiles y políticas asumieron
el control total
de la vida
de la ciudad.
Eso fue determinante para que a su vez el municipio vendiese a los
ocupantes de “canchones” de madera el terreno que habitaban y principiaron a levantarse en forma acelerada viviendas y
edificios de material noble. El antiguo campamento, cambió totalmente en el
aspecto urbano y eso fue un estímulo para que su alcalde pensase en su
elevación política.
Negritos fue entonces como un territorio libre dentro de la zona
petrolera, lo cual era como un homenaje a Alejandro Taboada, que desarrolló en
ese lugar los hechos protagónicos de la
sangrienta huelga de 1931
El 21 de octubre de 1954, el alcalde Goldfard, plantea en la sesión de
concejo, la creación de la provincia de Talara con capital Negritos. La
iniciativa fue acogida con general entusiasmo y aprobada en forma unánime. El
alcalde y el diario “Hechos” iniciaron una intensa campaña con escritos
diarios.
El alcalde solicitó, el apoyo del parlamentario paiteño Isidro Guevara, pero éste
carecía de peso político en
su Cámara.
Moya y Miranda, que eran amigos personales del diputado García Figallo,
pidieron el apoyo de
este que tenía
mas influencia política.
Por ese entonces era alcalde distrital
de Talara don Francisco Seminario Morales, que junto con el padre
Pacheco Wilson y el alcalde de Lobitos don Miguel Samaniego y Manuel Llanos
Franco, iniciaron simultáneamente campaña
para la creación
de la provincia de
Talara, pero con capital Talara.
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